El viejo costal, Opinión

Juan Berrocal, ya estamos llegando, o empezando…

Amigo Juan Berrocal, menuda chicotá que nos hemos dado desde aquel 1984, ahí empecé a andar a tu lado, ahí se unieron tu camino cofrade y el mío, el tuyo venia de antes. Juan la de horas que hemos pasado los dos trabajando desde ésta pesada trabajadera, gracias Juan por hacer más liviano el peso de mi cargo de listero, todo el peso lo has llevado tú, capataz, capataz de verdad siempre has cargado sobre tus espaldas toda la responsabilidad.

Juan, has decidido, y creo que sabiamente apartarte y dejar que otros continúen con la faena donde la hemos dejado, Juan que suerte, tener continuidad en nuestros hijos, el tuyo como capataz, que por la seriedad que le he visto en estos últimos años, y especialmente en este, apunta maneras. Estos van a seguir llevando nuestra sangre delante y debajo, menuda suerte, esperemos verlos disfrutar muchos años.

Juan la de cosas que hemos vivido juntos, Cofradías, “Hermanos Mayores” y “hermanos mayores”, fiscales, albaceas, fiscales y juntas de gobierno y un sinfín de convivencias que nos han forjado el alma y la mente, que nos han templado el espíritu haciendo acero de lo que antes era hierro dulce, hemos vivido muchas cosas juntos, unas grandes, que por ser grandes han destacado, otras pequeñas, que por ser pequeñas también han destacado, nunca hemos flaqueado y muy pocas veces hemos dicho no, solo cuando de verdad han intentado torcer lo que nosotros tenemos claro que es el único camino sólido para llegar a una concreta meta.

Parecía que no se iba a terminar esta sufrida chicotá y mira estamos llegando a las losas, como los buenos de losa a losa, y sin flaquear, las piernas cansadas, por ahí es por donde mueren los costaleros, pero la cabeza fresca y ágil, y eso es lo que hay, paso a paso, levantá a levantá, ¡eso es valiente, y ahora no nos podemos rendir!, siempre igual, por parejo y de forma cabal, sin flaquear, y sin aflojar un ápice, mandando fuerza al palo, con la cabeza despejada, con la meta marcada delante y ahora Juan estamos llegando fuertes, como si fuera la primera levantá.

Tú sabes mejor que nadie de mi fidelidad, de la de muchos de los que han llegado y pasado por nuestras listas, sabes de la traición de otros, los menos, de la felicidad plena, las más de las veces, porque siempre hemos dicho que con los pasos no se puede sufrir, que solo hay que disfrutar, trabajar mucho en los ensayos, para poder disfrutar el día grande de la salida.

Que momentos memorables, Juan la bajada del Bailío, de tirón; Juan toda la Carrera Oficial sin posar un zanco; Juan los primeros cambios. Juan la puerta de San Lorenzo, al amanecer, ¿recuerdas? Juan el arco bajo de la Corredera. Juan las primeras listas hechas desde un ordenador. Juan cuanto sobre y cuanta carta, que en correos nos conocían, hemos ido desde el sello, sobre y carta, hasta el Emails, el WhatsApp y otras redes sociales, pero siempre ha sido un gran placer trabajar contigo y para ti, y para todas las cuadrillas.

Juan, ahora, y aunque sé que no te gusta, te voy a llamar Maestro, porque has mostrado a Córdoba una manera diferente de entender el andar de los pasos, cada Misterio, cada Palio, a cada uno, su peculiar forma de expresión del sentir del corazón de las trabajaderas, que no son de madera, que son de sangre, de amor, de pasión, Juan capataz del costero potente, valiente, que se para, y tras un instante de ingravidez con fuerza pasa al otro costero.

Así se ha escrito la historia de tus cuadrillas, con el secreto de las tres “T”, trabajo, trabajo y más trabajo, has enseñado a tu gente a amar lo que se lleva arriba, a sentir que el dolor no existe, que es solo una sensación momentánea, breve, somera, y que lo que verdaderamente importa es el Titular, amor, creer, sentir, técnica, y mucho trabajo, Juan y tu amistad, cada uno de los que han salido con nosotros han sido más amigos que costaleros, maldito los que nos traicionaron, y los falsos, que también los hay, pero a los que les pagamos también con un trozo de amistad, y un poco de enseñanza, los hay que aún viven del trozo que le regalamos.

Juan, te quiero, siempre te he aceptado como capataz, como amigo, como compadre, he ido a donde me has pedido, y seguiré yendo, sin mirar por mi interés personal, si hay algo que hacer se hace y punto, y si alguien no sabe entenderlo, es que no conoce el valor de la auténtica amistad.

Venga Juan, ya estamos fajados para la segunda parte, esa es la que viene ahora, avisa con tu voz, cuando quieras Juan, que desde el oscuro claustro de las gualdrapas, vamos a levantar los que nos caiga encima, hasta el cielo, Juan, hasta el cielo sin contemplación, y yo si me dejas quiero ir a tu a tu lado, vamos que esta es también nuestra chicotá la de verdad, siempre como la primera, no hay dolor, más sufrió Nuestro Señor y nunca se quejó, Juan llama cuando quieras que ahora solo me resta responder a tu golpe de llamador y gritar ¡Cielo!