El escultor cordobés en que Dios se fijó para que le mostrara a Sevilla y al mundo, una de las imágenes más representativas de la Semana Santa
Si por alguna cosa se caracteriza nuestra Semana Santa, es por la variedad de imágenes y de advocaciones que en ella hay.
Muchos autores consagrados han esculpido a lo largo de la historia imágenes a las que las distintas hermandades les rinden culto a lo largo del año, teniendo además la estación de penitencia que cada primavera hace que las calles de Sevilla y de todos los lugares se llenen de oración y fe.
Hoy me centraré especialmente en uno de los autores de los que han dejado huella y no sólo en Sevilla, sino en muchos otros lugares. Os hablo del inigualable Juan de Mesa.
Nacido en Córdoba y formado como escultor en la escuela de, ni más ni menos, que Martínez Montañés, conocido como cuenta la leyenda, “el hombre que habló con Dios”, tras la hechura del Señor de Pasión.
Juan de Mesa pasó parte de su vida formándose con Montañés hasta que encontró su estilo propio como así lo muestran sus imágenes.Autor entre otras, del Cristo del Amor (hermandad del Amor), Cristo de las Conversión con el Buen Ladrón (hermandad de Montserrat), Cristo de la Buena Muerte (hermandad de los Estudiantes), etc.; y cómo no, del Señor de Sevilla, Ntro. Padre Jesús del Gran Poder.
El Señor del Gran Poder fue tallado por Juan de Mesa, en el año 1620, y cada día que pasa más devoción se siente hacia Él, una imagen que te acerca a la Pasión, con un dramatismo en su mirada y una zancada digna de una fuerza por no rendirse y por cargar con el peso de los pecados de la humanidad.
El pasado Martes Santo tuve la fortuna de ir al solemne besamanos, y creedme que no es casualidad que hoy quiera mostraros este artículo sobre su escultor porque lo que yo percibí en semejante mirada, era la del mismo Dios.
Este Dios que un día pasó por la cabeza de Juan de Mesa y bendijo sus maravillosas manos para que nos mostrara en esa mirada y en esa zancada al Redentor, llámenlo como quieran porque todos los adjetivos se quedan cortos, yo lo llamaré el Señor de Sevilla, mi Jesús del Gran Poder.





