Otro Domingo más viene a Gente de Paz el Evangelium Solis de esta semana. Hoy vivimos la Festividad de San Juan Bautista. La fiesta de hoy está marcada por la alegría. ¿Quién no se alegra con el nacimiento de un niño? Por la sencilla razón de que un niño recién nacido es signo de esperanza. Es la vida que brota nueva. Es la primavera. Es la promesa de futuro hecha realidad.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.
Este domingo es especial. Celebramos el nacimiento de Juan el Bautista. En nuestras festividades solo el de Jesús, de su Madre María y de Juan celebramos sus nacimientos. De Juan dijo Jesús: “es el mayor de los nacidos de mujer”. No existe mayor elogio. Pero también dijo Jesús que el menor en el Reino de los Cielos es mayor que él.
Juan es el último de los profetas del Antiguo Testamento, y que da inicio al Nuevo Testamento con la llegada de Jesús. “Juan” quiere decir “Dios es misericordioso”, por lo especial de su nacimiento, y con este nombre la gente se preguntaba “¿qué va a ser este niño? Porque la mano de Dios estaba con él”.
Como los profetas, fue elegido por Dios, que le puso el nombre antes de que fuera concebido. Su nacimiento fue una alegría inmesa para muchos. Tenía la misión de preparar la llegada del Mesías, y luego mostrarlo a las gentes. Él mismo lo dijo muy claro “no soy el que pensáis, sino que detrás de mí viene otro a quién no merezco desatarle las sandalias”. Anuncia, pero también dice muy claro las infidelidades del momento y eso lo lleva a la muerte.
Esta fiesta nos debe hacer pensar sobre nuestro propio compromiso cristiano. Cada uno de nosotros, también hemos sido elegidos por Dios con un propósito: que nuestra vida muestre el amor que Dios nos tienes. Que correspondamos a este amor mostrándolo a los que están con nosotros; que en las dificultades tengamos siempre esperanza, y que nuestra presencia sea un motivo de alegría para los





