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La Chicotá de Nandel, Opinión

La calandria enjaulada

Lejos de aquella canción que entonara Jorge Negrete, nos encontramos enjaulados como una calandria. Atados de pies y de manos totalmente.

Los que hablan de pluralidad y ejercicios de libertades, no son más que falsos profetas en tiempo de elecciones, y fariseos absolutos en el cara a cara. Y eso que no creen en las escrituras, cuando alguno, hubiera realizado un gran papel, y hasta hubiera podido salir por ser Judas, saliendo primero de costalero y luego escupiendo en el escudo de su Hermandad y en todas una a una.

No debemos ya de poner más mejillas, ni debemos permitir una sola reunión más, una explicación sin explicación alguna. Ya no hay que creer en más Mesías cuando lleguen las elecciones.

Con lo bonito que es el tiempo que nos atañe, y salen a la palestra los políticos, haciendo gala de fuerza contra el cristianismo, o contra todo lo que huela a Semana Santa, a cofrade. No es que no les importemos, es que así airean sus desaires a la Iglesia apuntalando los votos del bando anti-eclesial. Por lo tanto, si, es que les importamos, pero lo mismo que a mí me importa qué próxima gilipollez van a inventar para la ciudad, en vez de dedicarse a cuidarla.

Hablamos de tradiciones, por encima de todo, si alguien se equivoca de pensamiento o de fe. Son tradiciones de esta tierra. Las cuales les importan también bien poco, por no decir algo malsonante y brusco.

Cual calandria enjaulada quedará su labor, puesto que la fe no se frena con prohibiciones de cuatro payasos que creen ser eruditos.

Cual calandria enjaulada querrán tener nuestra voz, nuestro voto, lo primero ya es hora de que lo alcemos con más fuerza, no se escucha, no se nos escucha. Más alto por favor, con más fuerza. Lo segundo si que va a quedar enjaulado, el voto enjaulado en una urna, y cuando lo desenjaulen, verán volar sus payasadas y sus sillones.

Disfruten cual calandria, vuelen con la imaginación. Esto, ya está aquí. Trece días para que salga el Rey de Reyes, doce para saber que todo comienza, minutos, los que están dedicando en leer este artículo, que si lo piensan, no vuelven.

Dejen redes sociales, vivan una Semana Santa en las calles sin aparatos digitales, sean peregrinos con el corazón en la mano solamente, en busca de Dios, de su Madre. Que lo mismo que estos minutos no vuelven, esta nueva Semana Santa, con todo lo que traiga de especial, tampoco.

¿Se lo van a perder?

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