La Chicotá de Nandel | Bastidores y tramoyas

Día de Andalucía, a dos días tan solo de ver de nuevo a Jesús Rescatado, al cual rescatan precisamente de aquellos que lo arrebataron al pueblo de uno de sus más grandes días, su Solemne y multitudinario Besapiés. 

El primer viernes de marzo llega como si de la penúltima curva trazada en el calendario se tratase. Pronto el telón se abrirá, entre bastidores seguimos trabajando para el día de la mágica función, realizado los cambios, tanto en las tramoyas como en las personas. Cambios por desgaste de materiales, cambios por indeseables cambios, cambios de indeseables, por indeseables, el tiempo dirá si a mejor, o a peor, pero el trabajo está entre los que estamos entre bastidores y los que realizan perfecciones en las tramoyas. 

La Semana Santa llega, pero el tiempo avanza. La vida es ese tsunami que todo se lleva por delante, hasta la memoria del qué fuimos, de quién fuimos. Por ejemplo, yo hay nombres que nunca olvidaré, como sé que hay nombres que nadie recordará. 

Hay quien llegó para recoger los frutos, los suyos, los que ofrecer por ser suyos, premios de tantos años de esfuerzo, pero para conseguir sus frutos y trofeos. Al contrario, hay quien defendió la tierra, cultivó sin pedir nada a cambio, entre bastidores, fue tramoya incansable y aparejo necesario.  

Es tan importante disfrutar el tiempo entre bambalinas, que la espera ya es mecha corta, muy corta, la vida es una máquina de hielo que no para de fabricar, que no cesa, unos que se derriten, desaparecen, y otros que llegan con un brillo de juventud que sustituyen como el ciclo mismo y natural a los que se perdieron. A unos, se les guardará en frasquito como agua pura, a su nombre se le limpiará el polvo, que siempre esté intacto, a otros, los que mordieron la mano que incluso les dio de comer, les abrió las puertas de su casa, incluso les dejó sus llaves, acabarán cayendo por la alcantarilla, serán agua estancada que ni llegará a ningún río, a ningún mar, nunca ofrecieron nada de belleza, y entre oscuridad dormirán por siempre, para siempre. 

Por más que miro a los que a mi alrededor llegan, no veo tanta distancia de edad, aunque tienen ya veinte años menos que yo. Será mi complejo de Peter Pan, el que hizo para que algunos se rían en tiempos de pandemia, fuera capaz de disfrazarme cual Mortadelo, pero ojo, la Policía moral acecha y acusa cuando quiere y como quiere hasta por condiciones sexuales o posibles delitos, aunque no cuenten con que alguna persona esté encaminándose a la verdad, contando un secreto que le dijeron, y que en tal o cual sitio, algunos de estos policías, que como tales no tienen precio, querían reventar el paso de su Titular, haciendo una maniobra por y para hacer daño, con lo preocupados que están porque se le ha puesto un alfiler más alto que otro en sus vestimentas. 

Entre bastidores vienen, van, se renueva el grupo, pero por y para mi disfrute, muchos seguimos estando y seguiremos en el lugar que sea y como sea, familiares, amigos que son familia, y familias que son como familiares y amigos. Con esos siempre, y de los demás, hoy me despido. La edad te da ya la suficiente calma o poder decisorio para seguir siendo juguete o no de los demás, y yo, ya no seré más juguete de ningún juguete roto, sobre todo, pues ahora en manos de los que tanto criticó, insultó, es un títere que solo por seguir buscando su fruto, ha perdido la memoria de lo que pensaba ayer de los que hoy abraza. La gracia de la edad es la no pérdida de memoria, saber que ya todos te conocen en tu casa, en las dos, de donde por una o por otra razón, ya no puedes aparecer sin mancha inmaculada, y esa memoria, aunque tú no la tengas, los que ahora te están moviendo los hilos no la olvidan, y cuando falles, que fallarás, encima se desmarcarán de ti y te dejarán solo, vilipendiado a tu suerte, en la cual, y Dios no lo quiera, ya no tendrás mi mano amiga, ni mi dinero, ni la de tantos y tantos a los que escupiste después de darte un abrazo durante años. Tampoco habrá ya para vicios, y tu canción triste, sonará como siempre, pero ya nadie la querrá escuchar, como no hay pasodoble cuando ya se acaba la tarde taurina, y el último toro es arrastrado por esos dos cuernos que le fueron otorgados. Solo mirarán al torero, y se despedirán, hasta otra tarde. 

Estamos todos entre bastidores, y veo muy preparados a los nuevos aspirantes, a los jóvenes y no tan jóvenes que han entrado en el grupo. Echaré de menos a los que por edad o por decisiones que no me incumben ya no estarán con nosotros, pero solo piensa que cuando el telón se alce, todo será luz, todo será aplauso de un público que espera fervoroso, impaciente. Quieren ver qué somos, qué hemos estado guardando entre bastidores, qué han hecho los responsables de las tramoyas, y entre bastidores y tramoyas, ya nadie se acuerda de ti, imagina, cuando comience la función, lo que van a acordarse, cuando ya no estás ni entre bastidores ni tramoyas.