Me apena lo que veo por los corrillos. Me avergüenza en lo que se ha convertido cierta juventud, que de la mano del mundo en que vivimos y su actitud evidencial, la ley del mínimo esfuerzo, se traslada a las Cofradías.
Créanme, no busco polémica hoy, pues he dicho la ley del mínimo esfuerzo y no he dicho nada de la risa forzada con el mandamás, el abrazo putrefacto al que vas a matar por la espalda en cuanto doble la esquina, y todo sea por el traje, por el cargo, por el mandar, el poder decisorio que tristemente, le dan a algún recién llegado. Ya no en la Hermandad, sino a lo que es la vida y el mundo real. Patético. Ya les digo que me avergüenza y me apena al máximo.
Defensor máximo de la juventud desde que empecé a poner los pies fuera de la misma, y como lo había vivido, siempre luché por el reconocimiento de los jóvenes partícipes en las Cofradías, que con su trabajo físico, su presencia diaria, se ganaban algo mas que ser el guapo o el gracioso del grupo joven.
Chavales que venían y preguntaban. Iban a los ensayos de costalero a «aprender». ¡Qué palabra tan revolucionaria a día de hoy! Ver, escuchar, preguntar, asistir para conocer tal acto, sus normas, su mimbre.
¿Hoy? La juventud ya no es juventud, es un analfabeto que a la mínima cuando le cambias su discurso aprendido de casa, de youtube, o del amigo que le ha dicho el truco para parecer conocedor de todo, ya los dejas en paños menores.
A mi edad continúo con el aprendizaje de cosas en las que nunca tuve oportunidad de comprensión, o la oportunidad a secas. Sigo en el aprendizaje del mundo del costal, pues el avance te come, y hay verdaderos chavales jóvenes con valores de engrandecer cuadrillas con su pronto aprendizaje, su valentía, y su respeto por los mayores. Se puede aprender de todo, hasta de la juventud.
Sigo aprendiendo a esquivar las dagas o los cuchillos, como ya no me importa recibirlos de ciertas alimañas, tan señaladas como pobres diablos pasados de moda. Ramoncines de tres al cuarto cofrades.
Siempre, a lo Maradona, defendí y defiendo que la juventud se posicione, que no labre su futuro lamiendo traseros del mandamás de turno, pues este está, mañana, no sabemos. Defendí y defiendo que a lo Diego Armando, mejor ser once diario levantando la voz, aunque si, por juventud se pierda la razón con las palabras o formas elegidas, pero hay que tener dignidad, pensamiento propio, y si no es el momento de estar, marchar, llegará el tiempo de volver, como el 10, yo, y así entiendo la juventud, gris nunca, o blanco, o negro.





