Querido Maestro:
Quería escribirle hace tiempo, nada tiene que ver mi premura porque algún texto, el cual respeto, haya salido a la luz esta misma semana. Todos tenemos nuestra opinión y seguramente, como es respetable, muchos o pocos compartirán unos adjetivos, y otros, pues otros. Algunos los más amables, otros los menos.
Se marchó usted cortándose la coleta en aquella Plaza, y hasta hoy.
Cuando me viene a la mente, me sigo entristeciendo y me sigo diciendo que podía haber aguantado un poquito más.
Aquella Plaza, en la que no siempre fue vitoreado aunque su trabajo fuese impecable, pero como hemos dicho antes, unos opinan que tal, otros que cual.
Lo imagino sentado ahora como se podrían sentar muchos toreros a alternar con compañeros de profesión, hablando de lo duro de los comienzos, de las tardes feas, los imprevistos, bajonazos, anécdotas, y a su lado su fiel «Curro Romero», que tanto sabe de esto también y que tanta cátedra sentó en su momento, por eso será que lleva el mismo apellido del Faraón de Camas.
Todo gran artista, el referente, tiene algo en común, aunque sean de diferentes facetas artísticas, y no es otra cosa, que «su gente», ese gentío que siempre lo sigue, lo defiende, da la cara, se la juega, y sobre todo, lo acompaña.
Da igual la plaza, da igual el día, da igual el tiempo, si vienen tempestades o se espera marejada de la buena. Se sigue al Maestro, vaya donde vaya.
«Maestro, cuente usted conmigo». Yo eso, lo he visto, y lo he vivido, gente fiel y gente humilde los que siempre lo acompañaron, a buenas y a malas.
Hay días que al Maestro es mejor echarlo río abajo, o que lo atropelle un patinete, tampoco vamos a ser muy crueles, pero cuando ese sentimiento aflora, llega esa genialidad, que no hace una faena redonda ese día, pero es ese «clic», en ese momento, ese detalle, el que hace ver a los suyos que es único, que no es igualable, y que entre todos, tiene un estilo que no es comparable, es único, es el genio del Maestro.
Le quería Maestro escribir, pues sé que vienen días duros. Vienen unas fechas malas, pues son duras si se pierde esa razón de alegría, del día a día, ese bastón anímico que siempre se ha tenido a mano, sustento y apoyo, el orgullo más grande antes de salir por la puerta, despedirse de ella, e irse otra vez al trabajo, a la faena, sabiendo que queda sola, pero sabiendo que pronto al volver, solo será un ratito, ella estaba llenando todo, no la casa, sino el corazón y las ilusiones.
Serán días duros los venideros, seguro, pero queda la familia, quedan los recuerdos, que aunque también pueden ser duros en estas fiestas, deben ser lágrimas de alegría, por lo vivido, por la suerte de lo vivido.
Maestro, dentro de los mensajes, que como a Romero le gusta, no le diré Felices Fiestas, sino, FELIZ NAVIDAD, O AÑO NUEVO, llegarán muchos más que el mío, de esos que siempre lo hemos respetado, entendido, no entendido, aguantado, pero nunca criticado, pues al genio todo se le aguanta, hasta el genio mismo, pues sino, no sería genio el Maestro, ni habría maestría alguna, y vaya si la hubo, y la disfrutamos.
Su gente lo echa de menos, verlo en su en su Plaza, o en otras, con su traje, con su genio, pero también con esa media sonrisa que tanto decía. Ánimo para los días que vienen, pues el retiro, también es solitario, y sin bastón, hay fechas señaladas que es más solitario aún, pero no deje que si hay vacío en casa, le domine, o lo martirice.
Lo echo de menos Maestro, como a Montante de la Puebla.





