Escuchaba una entrevista entre catavinos, de unos capataces rancios, añejos. De otra época.
En ella decían muchas cosas. Con algunas tenías que reírte, porque para eso las contaban, anécdotas puras y duras de la vida al frente al martillo, hasta que uno dijo algo que pensé, ya, pero es que usted no sabe lo que hay ahora. La cosa ya ha cambiado tanto, que ya aquello es imposible.
Yo lo he dicho mil veces. Siempre me refiero a mis comienzos en Humildad y Paciencia con dieciséis años. Aquello, llevando ya dos años en la cuadrilla, ves que es una grandísima familia a la que hay que pertenecer. Y puedes estar más o menos de acuerdo con el capataz, pero tenías que formar parte de aquello, porque todo era ayuda, ánimos, abrazos, bromas, risas, anécdotas que contar al día siguiente, ect, etc, etc, todos los etcéteras que le quieran poner, pero todos buenos.
Eso lo vivía yo, lo vivía el otro, y lo vivían las cuadrillas de aquellos años de finales de los noventa y principios de dos mil.
Decía este capataz que él, a la cuadrilla la llevaba milimetrada, al dedillo. Prohibido lo mal hecho y todo bien gestionado, estructurado, pensado, y como no, con ocho o nueve ensayos, ensayado.
Hoy, es más que imposible. Es que es impensable.
Los capataces que antaño en Córdoba tenían muchos costaleros, hoy tienen menos, porque antes, uno buscaba al capataz, ahora, uno se ha ido apegando a su barrio, sus amigos, la Hermandad de sus padres, la Cofradía que siempre le gustó, y el tío lo intenta y lo intenta hasta que entra.
Menos costaleros propios, que eran aquellos que podían empezar un Domingo de Ramos y terminar el Viernes Santo, sino el Domingo de Resurrección.
Tenían más capacidad de sufrimiento, más empaque, y sabían de qué iba la cosa, pero había capataces, que al contrario que hoy día, decían: Si este tío, me viene a cinco pasos, voy a ir rebajando ensayos.
Las cuadrillas de Hermandades como la Paz, La Esperanza, por poner un ejemplo, que conste, se metían siete y ocho ensayos entre pecho y espalda. Y había picos, porque se querían picos.
Para mí el mejor capataz, el que más gente movía en aquellos tiempos, era Curro, y empezó a hacer una gestión no sé si pensada, no sé si así gestionada para bien, pero era ideal y cosas que hoy no se hace o se está haciendo mal. Curro con dos o tres ensayos como mucho, y he visto un ensayo en alguna Hermandad, estaba la cosa más que ensayada, más que lista para un paseón asegurado.
Si tienes al mismo patero en dos pasos, si tienes al mismo corriente, fijador, el otro patero, al final miras y dices… De una Hermandad a otra, me cambian siete y ocho en cada Hermandad. Y eso pasaba. Curro supongo que lo sabía, y Curro, empezó su genial gestión.
Había capataces que no podían quitar ensayos, otros no querían, otros te decían que habían venido nueve nuevos, que me ha pasado a mí en Sevilla, y que por eso, no podía bajar de tres ensayos.
La cosa está a día de hoy así:
Costaleros que salen, aparte de su Hermandad, con otros capataces. No pueden faltar a los tres ensayos de su Hermandad, pero, tampoco se quitan los seis o nueve ensayos que tienen con los dos o tres pasos que sacan con ese capataz.
Estos costaleros llegan mal al último día, no por nada, sino porque ya no te sujeta tanto el de al lado, ya un tío saca tres pasos, y no llega igual al último, y lo mismo sabe gestionarse mejor, tiene más tiempo de recuperación, porque yo casi he empalmado salidas, sin dormir, ya sabemos que por estar de charla en una taberna, o porque me ha dado la mañana, y con ducharse e irme con alguien que me recogía para sacar otro paso, ya estaba el tío descansado.
Los capataces ahora no quieren ni un hueco en su paso, y te quitan mucho trabajo, y el costalero por no perder un relevo, va a todo. Pide días en el trabajo, se esfuerza, hace verdaderas cábalas, pero esto va a ir, y mucho, a peor.
Los Ayuntamientos están empezando a decir que los ensayos entre semana, se acaban.
Los ensayos, ya no quieren que sean por casco antiguo siquiera, o calles peatonales, parques o sin tráfico. Fines de semana, y en Polígonos Industriales son el futuro.
Total, que un tío, se juntará de viernes noche a domingo tarde, con dos, tres, cuatro, o los ensayos que queramos poner. Hará todas las cábalas, no querrá faltar, pero ya cada ensayo contará y sumará como una losa, y gorda.
Un tío que se meta de viernes a domingo, tres semanas seguidas, dos o tres ensayos… Acaba mal. Mal físicamente, incluso mal de ánimos para seguir.
Se perderán costaleros en las cuadrillas, se perderán costaleros que solo irán ya donde verdaderamente sea imposible que se vayan, donde empezaron con su capataz, o donde no quieren dejar de salir en la vida hasta morirse, su Hermandad.
Todo esto, es lo que nos viene. Vamos a pasar de las cuadrillas que son verdaderas familias, al costalero cansado, al que ya llega muy tocado, el que va quitándose cada vez más del medio, y al costalero de las afueras, en el polígono, el costalero poligonero.





