La Chicotá de Nandel | Dicen, cuentan…

El verano llega con pasos agigantados y con una calor, que a ver si no nos lleva con los pies por delante. Las calles se quedan solas a algunas horas de la tarde, el sofoco te embriaga, las noches son para los que al día siguiente no tienen que trabajar, y disfrutan de las tertulias con algo fresquito, y allí, dicen, cuentan tantas cosas.

Algunos andan preocupados porque sus capataces aún no han sido nombrados, confiando así una vez más la Hermandad en ellos, y claro, que si el capataz no sigue, ellos tampoco. 

A estos, les diría que yo de ellos me centrase ya en sus hermandades, tal y como anda el patio, cuando quieras retirarte lo harás sin pena ni gloria, solo de amigos, falto de hermanos, y con muchas vivencias que solo podrás contar a los cuatro o cinco que como tú, habéis ido paseando el costal a diestro y siniestro en sitios, que al contrario que en tu Hermandad, mucho dabas para lo que luego se va a recordar.

El corazón le late a otros pensando ya en las nuevas marchas de la temporada. Aquellas en las que exclamar un ¡Ooooh! Nada mas sonar el primer acorde, y así incluso si el alcohol en algún concierto nos embriaga, sacarnos la camisa del pantalón para darnos el abrazo más amplio, que no tire ni la sisa.

Se ha ido de las manos el tema musical ya hace tiempo, mientras, dos, tres, cuatro compositores/as en la ciudad, engrandecen el oficio con marchas acordes a lo que deben ser, poco se habla de ellos, pero claro, no han pegado ningún pelotazo, o al menos, no llevan su club de fans tras ellos. Algún día daré los nombres en los que pienso.

Dicen, cuentan… Y otros buscan el asalto de nuevo a la Hermandad. Nos hemos quitado un año de espera, ya puede ser nuestra de nuevo. No será fácil, pues han hecho muchos hermanos los que se marchan, pero ahí queda ese poso de «los de siempre, los de la Hermandad» y creo que por ahí van a tirar. Suerte a los premiados.

Muchas veces comentan tantas cosas que cuando uno las escucha, o incluso me piden la opinión, ya no sé si hablamos de un mercado, de lo divino, lo humano. ¿Qué prevalece, qué mesura tenemos para las decisiones? ¿Se busca el bien común, o el de unos pocos? ¿Hay algún interés laboral incluso en las decisiones o por venganza? Ya sabemos todos la respuesta.

Mientras no vayamos cambiando el paso, seguirá esto tan gris como lo tenemos, año a año, y poco a poco se irá marchando gente, que de todas formas, tampoco ocupan los cultos en las iglesias ya desde hace años, solo se va a veces por obligación, la del cargo que ostentamos, y la del qué dirán, pues si quiero ser oposición, está feo no ir siquiera a los días señalados.

Todo papel mojado, todo fantasías cuando no hay recursos para realizarlas, humo que se marcha entre las calles calurosas de la ciudad, que se entre mezcla con las aguas que aparecen como oasis en las fuentes, y que van a parar al río, para nunca volver. Quedarán sorpresas este verano, y resonarán las alegrías y las tristezas de las decisiones futuras en esas reuniones, donde dicen, cuentan…