En el mundo del costal estamos asistiendo a una serie de infames espectáculos, deplorables todos, que dejan mucho que desear a los que tanto amamos y hemos vivido esto desde hace ya muchos años.
Lástima me da que precisamente son aquellos que llevan muchísimos años en este mundo, aunque no se les pueda llamar costaleros, ni mucho menos, los que están dando el espectáculo.
¿Quién no ha conocido la frase de «éste es un cocreta»?
Se camuflan entre el grupo, como todos van igual, todos misma apariencia, unos más musculados que otros, eso sí, pero eso no quiere decir que el canijillo no empuje y el fortote no sea una cocreta, que ya lo he presenciado y vivido.
Los cocretas, andan enfadados porque un capataz, de Sevilla dicen, no los deja salir en su Hermandad, demostrando que su ignorancia arrastran como cadenas de presidiario. Es pesada y hace mucho ruido.
He podido ver una especie de esquela en estos días por ahí desfilando, por redes, como no, en la que denunciaban hechos, falsos o no, perfectamente subsanables en un Cabildo de Hermanos, y no haciendo el ruido de cadenas, como si así fueran a conseguir algo.
Otros cocretas, uno por edad, el otro por ser oveja negra, no paran de ensuciar el nombre de una persona por donde pasan, y pasan los días, y siguen, y vuelven a mancillar a la persona, entre «hermanos» que somos, o eso dicen ellos ser.
Los cocretas tienen los días contados, amigos. Las puertas se han abierto de par en par, y vienen costaleros, por fe, devoción o adición, que van a poner a cada uno en su lugar, la croqueta en la sartén, y la cocreta, en las redes con su ruido, incesante, eso sí, que para eso son croquetas de exquisita valía.

Hablando de croquetas, las que hace mi madre en Cuaresma. Bacalao selecto y empanado en su punto, dignas de un altar culinario, y como no, visto lo visto, de un cartel mismo de Semana Santa.
El amigo Salustiano, natural de Villaverde, nos ha venido a enseñar cultura, no a anunciarnos nada. Nos ha entregado su obra, nada válida para el fin para el que se le había contratado.
Los documentados, de sexos variados, de ideologías distintas, pero culturetas que sentencian con su palabra sin más cabida que la suya y ningun reproche que anteponer, también nos han defendido la cocreta que nos ha mandado el coqueto.
Bendito seas tú, hijo de tu padre, según tú mismo, sin falta de rímel pues tus pestañas con preciosas y super bonitas, o sea, chulis.
Qué dos, Salustiano y su heredero. Dos ángeles de luz, tocados por la gracia del arte y sobre todo la insolencia del no admitir la contra de las opiniones. Al amigo Salustiano le faltó llamar a «Sálvame», pues acudió a todos los bodrios que caben en la cartelera diaria, programa a programa.
Tontos somos, e ignorantes, ya lo dice el amigo Salustiano.
Tontos, a más no poder, primero por no haber devuelto el cartel, haber sacado la primera foto que saliera de una mesilla de noche, cofrade y cristiana, y haberla mandado a cartelería. Tontos porque nos la han vuelto a colar. Tontos, porque hemos vuelto a demostrar que no está ni el Consejo ni los cofrades a la altura.
Ignorantes, pues porque no hemos ido a ningún museo, a Iglesia alguna, no como Salustiano, que dicho sea de paso, y en esto no me podrá nadie contrariar, es que no sabemos si el modelo, o sea, el chico en cuestión, ha heredado las artes de papá, pero hay que reconocerle a Salustiano que donde él es grande, donde es el artista número uno, es en lo suyo, coger el pincel con la mano





