Querido amigo, cómo han cambiado los años cuando llegaste a aquella cuadrilla de costaleros, que como tú, yo, todos sabíamos, iba a ser el referente tanto por lo rompedor del andar, como por el paso que en aquellos entonces se estaba estructurando, creando, agrandando y proyectando hasta lo que es hoy.
Hoy quizá tenga menos alma, haya menos inspiración por aquello del sentimiento que antes había, y que ahora, como buenos robots, lo importante es la medida justa, todo encuadrado en el tiempo, y sin fallos, que YouTube luego da fuerte, y un Reel en Tik tok, manda.
Como buena serpiente venenosa te movías en la sombra del grupo, te ibas frotando las manos con las posibilidades que se te presentaban, que algún día verías tu momento para llegar arriba, a lo más alto, y lo que era mejor, que nadie de los que allí estaban, los que habían mamado desde pequeños, allí se habían forjado como cofrades, personas y costaleros, no tenían más miras que otro miércoles santo venidero con sus amigos, con los suyos, sin más grandeza que la de portar a su Titular.
Pasaron los años, algunos se retiraron con sus vivencias, disfrutan de ellas, aunque sea alejados ya de este mundillo. Esas vivencias que te cuentan en un bus cuando te encuentran a los cinco, diez, quince años sin verte. Se acuerdan de cuando eras un chiquillo, y personalmente, te retraen a lo que fueron tus inicios, aquellos mágicos donde había ni intereses, ni puñales que vienen por la espalda, ni maldad.
Fuiste luego de aquí a allá, con aquello del buenismo, la elegancia, el caer bien, el saberlo hacer, y nadie se dio cuenta hasta que arriba estabas.
Si ahora te viene un palo, lo aguantan los que contigo van, unos, ya pasados de rosca para llegar a tu cima, y se conforman con sujetarte la peana, es a lo más alto que ya aspiran, otros imberbes con esos aires de grandeza que tú tuviste, pero por falta de oportunidades, ya que antes se valoraba la valía, pues otros por conocimientos y por experiencia, no daban lugar a los que como tú, solo tenían presencia.
Hoy, con tu presencia, vienen malas, vienen buenas, como buena víbora, como buen reptil de ojos brillosos y sonrisa acaramelada, las aceptas, por supuesto, no las compartes, pero esa sonrisa siempre te dará otro atril donde subir, y así nunca bajar de esa altura, superior a los demás, que tanto buscaste, tanto has conseguido, y no estás dispuesto ya a soltar.
Ante todo, amigo mío, mi enhorabuena, yo quizá seguiré con los míos, con peleas por poder hablar libremente, por poder discutir con los poderes que nunca pensamos, vayamos a tener que usar para pedir un puesto, nosotros a la gresca, cayendo quizá mal a alguno por aquello del decir la verdad a la cara, mientras otros no dan la cara, ni opinan, por aquello de lo bueno de caer bien.





