La Chicotá de Nandel | Manolo, el adiós al arte y la amistad

Aunque pueda parecer mentira uno se acuerda siempre de las personas, sobre todo cuando se acerca una efeméride.

Hace pocos días me acordé de tí, Manolo. Aquellos arroces que preparabas en el ferial, ya esperarán ser degustados en ese cielo que hoy se abre con tanta fuerza como tu rabiosa rabia, esa que utilizabas en defensa de las causas que creías, como un león.

Recuerdo aquellas noches en trabajadera, mis comienzos en la noche cofrade, y las risas son incontables. Nunca te vi haciendo daño a nadie, y cuando la gente se acercaba a ti buscando la risa fácil, la dabas, o no, pero pocos conocían a la persona que bajaba luego camino de María Auxiliadora, y ofrecía charlas más allá de las copas y la semana santa.

He mirado nuestra última conversación, va a hacer ahora cinco meses cuando nos felicitamos la navidad. Te dije que tu amigo Paco y Plácido, brindarían por ti, por uno de los pocos amigos de verdad que tuvieron, espero que cuando llegues con ellos, brindes por mí, porque me haría gran ilusión que me tuvieras ese cariño que le tienes a la gente que siempre has querido.

Me da mucha pena despedirme de una persona que siempre en Misericordia, o al ladito de su Virgen del Rosario, no ha permitido un pliegue mal puesto, o al menos, con poco arte. Han sido muchos sitios donde has puesto tu mano, tu elegancia y tu saber.

No quiero extenderme más amigo, ahora tú sabes la conversación o el pensamiento que tenía de ti, el que me vino, hace no diría ni días, como si me estuvieses diciendo ya adiós.

Las personas tienen sus lados mágicos, sus momentos eternos en la memoria, y tú has regado de magia y eternidad nuestras vidas.

Brinda por la vida amigo, siéntate en tu palquillo y disfruta ya de tu descanso, de ese adiós a la soledad, y reparte de nuevo risas, ironías atronadoras, y sobre todo, disfruta ya de tu reconocimiento, el de tu arte, pues pocos hablarán mal de ti, sino del arte que siempre tuviste en tus manos y en tu sonrisa.