He de reconocer que mis comienzos en el costal fueron junto al Padre. No imaginaba otra cosa que ser sus pies, estar debajo con mi costal y lanzar la zancada que este cuerpo de escombros -imagínense ahora y no con aquellos 16 añitos – podía ser capaz de dar. Ese era mi sueño, y lo cumplí.
Cuando Juan Berrocal me llamó para sacar a la Madre de la Palma aquel Domingo de Ramos, no lo dudé. Sabía que íbamos muchos amigos, y no sabía que me iba a encontrar con Pedrito, su hermano, Paquito, la risa marchosa incesante de Cejudo, el Chapas, buena cuadrilla, y a pesar de ello, buenos costaleros, de los que se quieren bajo los pasos. Y eso hicieron con nosotros, querernos y hacer que quisiéramos a Nuestra Madre.
El punto de inflexión, y ahí comenzó otro mundo para mí, el que más me ha marcado, fue con Juan también, el desembarco en San Pablo.
Llegábamos a encontrarnos con la Madre del Rosario Coronada. Era un mundo por explorar, ni sabíamos lo que nos esperaba, ni estábamos preparados, al menos en sentidos y corazón. Las emociones se multiplicaban en segundos, como digo, otro mundo, gracias a esa Hermanda a día de hoy sé que es más mi mundo que otros en los que vivo o viví.
Y así fue como, la Emperatriz de la Magdalena, mi amada Virgen de Montserrat, me tuvo bajo ella, y Esperanza del Valle, Fuensanta, Pastora de Capuchinos, Reina de los Mártires, y como no, mi Madre, la del cielo mas azul Concepcionista, y la Reina de la Plaza donde me crié, donde reí, lloré, sufrí, disfruté, y donde al menos con el costal, creo terminaré, Paz y Esperanza Coronada.
A María, ¿se llega o te busca? ¿La persigues o te encuentra? Les animo, a que salgan a buscarla, saben dónde está, os espera en su casa.
María está en casa uno de los rostros de madres, esposas que desangeladas quedan, mientras los demás vemos lo desprotegidos que viven los que nos protegen, al empezar la marcha de despedida a los féretros de los Guardias Civiles masacrados en el mar de Barbate.
Maria perfuma el sudario cuando Soledad camina hacia su nueva casa, después de un Viernes Santo al paso por San Lorenzo, donde es Tristezas, Palma, Victoria, Mayor dolor y perfume salesiano de Piedad, Dolores y Misericordia, Amarguras, que se miran en el reflejo del agua de la fuente del alpargate.
María es la madre que no tiene que dar de comer a sus hijos, y acepta limosnas a cambio de trabajo duro, una esclavitud del siglo XXI que no cesa, en negro, eso sí, y que solo dar para llenar de cualquier forma la barriga, o engañarla, pues todo y más de lo que consigue es para sus hijos, esos que fueron concebidos por un padre, el cuál no quiere saber de su existencia.
María es Angustias en un abrazo a su hijo, pétalos blancos de Esperanzas, Caridad, y el Buen Suceso de encontrarse en la noche con Trinidad o Gracia y Amparo.
María es la vecina que ya vive en sus ochenta años, sola, abandonada, por instituciones, sanidad, familiares, y que carga sus bolsas como puede para terminar la odisea diaria de salir y volver como se pueda, aunque más pesa la cruz de la soledad al llegar al destino donde el teléfono no suena, y ya no recuerda cuál fue el último beso o abrazo.
María es Estrella de un barrio, el Dulce nombre, Buen Fin, Encarnación, Desamparo de sus hijos de las Penas, bandera Concepcionista, pero solo para unos pocos, aunque parezca increíble volverle la cara a tu Madre, y renegar o no siquiera mirarla.
María es fuego y es sonrisa, y es buenaventura, es la farmacéutica que en farmacia no trabaja, pero si es representante, y se juega, al igual que el que en la carretera vive, ser el blanco de locos que juegan a la ruleta con un volante, cuando María, cambia tu vida al verla en un instante.
María puede ser Esperanza en Poniente, o la O de levante, María y sus Dolores, la Reina de esta tierra y cada habitante.
María, creo que esto contesta a mi pregunta, te persigue en los recuerdos de niño, cuando querías ser su costalero, te encuentra queriendo volver a esos años porque la vida, amigo, ya no es un juego a ratos y ratos que tanto te gusta cuando pensabas en ser mayor.
María te persigue cuando la llamas y crees que no te escucha, y no llegas a tocar su mano cuando la enfermedad aprieta, cuando el problema es oscuro, la montaña empinada o la calle larga y fría, y creemos que estamos solos, pero está María.
¡Búscala! Quedan 40 días para que Reine por las calles, pero mira qué cercana, casi me atrevería a decir, humana que luce, qué guapa te espera María en su Altar, su Capilla. María te está esperando, está vestidita de Hebrea como recién venida del cielo de Canaán.
Cuarenta días, no apartes tu mirada, Ella tú mano nunca soltará. ¡María te está esperando, búscala!





