La Chicotá de Nandel | Necesario, muy necesario

Recién acaba de pasar el palio. Aún, se escucha e incluso retumba el asfalto para el que ya se aleja, o embelesado queda postrado a esa belleza sin igual de su marcha, de su adiós sin despedida, se marcha con el fleco de bellota besando el varal, augurando que seguirá y seguirá, y no dará cabida a la inmediatez de algo insulso, o innecesario, pues un palio, es un palio.

Allí queda el bullicio y la gente se agolpa en una bulla por donde quizá la calle más se estreché, y todos quieren pasar, salir de este lugar, sea callejón, sea plazoleta escondida, que tanto le gustaban al creador de sueños, Pascual González.

Y es cuando uno se pregunta sobre la necesidad de tanto palio, y paso, y misterio, y crucificado por las calles. Bien sea con los 40° de julio y octubre en ocasiones, y en ocasiones que la lluvia, para bien o mal, deja muertos a su paso y un temporal en el que entre medias, también salen palios, o pasos, o misterios, o crucificados.

Programado queda, pues programado estaba, y salió quien reina en San Jacinto con una pureza que es estrictamente necesaria o un cuento de hadas que se hace realidad ante nuestros ojos.

Todos ven la pena, la desgracia en redes sociales o televisión. Al terrorista mentiroso prometiendo, sabiendo todos que está, no solo mintiendo, y que nuevamente nos la está metiendo.

Esa pena y desgracia hace todo tan necesario, lo divino me refiero, ante tal catástrofe o hecho inhumano, no controlable ni necesario.

«Se calló el cielo» decía y he podido leer, de una persona que vivió en sus mismas carnes lo que es bajar a los infiernos, sin fuegos pero con barro. El olor de la muerte que todo lo anega, lo cubre, lo desmenuza a su paso.

La muerte de un lado, el olor a desgracia, y sin embargo, Ella, que ya se marcha hecha elegancia o poema, música y estrofa, pues también el arte es necesario en estos momentos, aunque todo parezca que sobre, pero para nada, es muy necesario.

La veo, ya la veo y casi no la percibo a la vista, pero si, si la intuyo y la siento aún, y la sentiré, como navegante o náufrago solitario en la inmensidad de las calles hechas en la noche para las estrellas, las que iluminan un camino, donde Ella es la que guía y es más Estrella que ninguna. 

Tras la muerte, junto a la muerte también hay que buscar momentos para la mirada, el recogimiento y la alegría, no todos los días se encuentra uno con la magia que Ella trae, y cuando pasa deja. El arte que en la fotografía, el mundo del costal, los mandos de un martillo, todo, todo es arte, y el arte, y sobre todo quedar ahí, hasta un próximo encuentro, tan buscado como único, son, es, y nunca lo vayan a olvidar, porque lo es, necesario, muy necesario