Ha vuelto a ocurrir lo que creíamos que no iba a repetirse, pero no, somos unos soñadores, ilusionados, inconformistas.
El trabajo, las cosas bien hechas, la ilusión, pero esa ilusión con la que uno comienza, en su casa, con sus amigos, con familia, donde su apellido, es parte de esa casa. Todo eso, ha sido pisoteado, y duele, tiene que estar siendo un dolor grande, indescriptible, profundo para mí, pero supongo que hondo y profundo.
Pensaba alguno que lastraba el apellido Berrocal a Juan Luis, pues, podrían haberle dado el paso de la titular de su Hermandad por ser quien es, o mejor dicho, quién es su padre, lo que ha sido, y eso pesa, pero nada más allá de meses duró la broma.
Alguien que parece que ha nacido mandando pasos, se abrió camino entre callejas, revirás, con su equipo, su cuadrilla, un grupo que parecía de años, y no habían pasado nada más que unos meses desde su nombramiento.
¿Igualás? Con tiempo, en noviembre o diciembre. Con sentido y buen ambiente. ¿Ensayos? Casi y sin el casi, con cien tíos ensayando. Manejados por alguien que, según palabras de Vicente Mengual, un día que estuvimos charlando, veía grandísimo aquello de tener que manejar ambos pasos, habla eso también de responsabilidad y HUMILDAD.
Cada ensayo, una prueba. Cada salida, un examen, con examinadores durísimos. Cada paso, mirado con lupa. Esto viene de lejos, la decisión de fulminar a Juan Luis, no es mero capricho, es algo que ya se venía fraguando, a fuego lento, y al final, no ha sido más que una puñalada, con nocturnidad y alevosía, sin miramientos, ni sentimientos, sin mirar a la cara, por la espalda, y ahondando profundamente, por si cae la breva y en vez de caer la fruta de un árbol, Juan Luis se marcha, y dejamos libre el campo de Berrocalismo en los martillos de la Hermandad. Bueno, Cofradía. No me escucharán a mí aquello del «cortijo de Santa Marina«.
No tengo nada en contra del Hermano Mayor, al contrario, incluso, tengo amistad, y da gusto y mucha alegría encontrarme con su hijo, tan grandote, que podría ser aún más para poder dar cabida a toda su nobleza. Esto no es un ataque a nadie, a ninguna persona, es simplemente una semana más de opinión, pero una opinión triste, pues ha vuelto a ocurrir, ha vuelto a pasar, cuando los ilusos siempre pensamos que estas cosas ya no ocurrirían.
Juan Berrocal, siempre fue muy miedoso, muchísimo, podría sacar un pasito con cabida para seis costaleros, que hasta que no llegaba el día siguiente no relajaba la tez ni el gesto. Juan Luis, era una mejora visible, nunca tuvo miedo a ese miedo, lo convirtió en respeto y mantenía un orden y una disciplina, que entre risas, entre buen ambiente, tiene que haber, pues si un tío no viene a un ensayo, por motivos que no explica, debe estar en su casa, así lo ha ido haciendo, así han sido los resultados, gente implicada, quien no se implica, no quiere participar en nada, no hay capataz que pueda manejar está situación, o el rebaño se desperdiga, se pierden los valores, se pierde el respeto al grupo.
Salió de casa, y cruzó el puente para dejar su impronta en el palio del Buen Fin. Entre una marejada importante, donde se encontró en un fuego cruzado, ahí están los resultados, los amigos del YouTube pueden dar al «play». Cuadrilla por un lado, contenta por el trato. Por la técnica, por el equipo, gustasen o no las decisiones de estilo de la Junta. Ahí está la Junta, agradecida al trabajo, al trato, el cariño y la educación mostrada por el capataz de su equipo.
¿Ha rechazado Juan Luis pasos? Si. Más de uno. No sé si más de dos.
¿Habrá cometido errores? Más de uno, y seguro que más de dos, y tres. Pero lo que nunca ha hecho ha sido engañar a nadie, ni dar la espalda a su Hermandad, esos hermanos que ninguno ha cogido ahora el puñal, que todos los vieron en una Junta de una noche de invierno, en una bandeja de plata, y aún sabiendo el destinatario, y que iban a tener que agarrarlo, miraron a otro lado, votaron fuera de punto del día, y hasta otra, hasta la siguiente reunión.
En la vida, hay muy pocos iluminados que sepan hacer de todo. De todo. Al final, esa iluminación, es una bombilla que falla más que alumbra, y ante no poder alumbrar, ni en cambios de bandas, ni en recorridos procesionales, ni en el trato con las personas, es mejor apagar al que si tiene ese aura, ese don de gentes. Yo diría que no es envidia siquiera, la palabra sería miedo, pero este miedo, no es respeto, es miedo cobarde de que alguien, al menos en una cosa, sea bueno, la gente comulgue con sus ideas, con su trato, el estilo, ese que se trae de casa, en su caminar diario, ese que luego se aporta como Capataz, y que se convierte en alguien peligroso. Es lo peor del éxito.
La verdad, es que tantos que ahora dicen que no han votado, o han intentado salvar a su «amigo«, cuando al parecer todo fue por votación y en unanimidad de los presente, no deberían estar en esa Junta de Gobierno ni un minuto más.
No se ha escuchado dimisión alguna.
Lo cierto, es que la verdad no podrá ocultarse por mucho tiempo. Se podrá debatir o no, pero por un comunicado, que parece redactado por un parvulario en el recreo, entre gominolas… Quien haya redactado el comunicado, no debiera realizar ni uno más, parece una burda toma de pelo a cualquier persona con sentido, o al menos que sepa leer, y sobre todo a los hermanos, a sus propios hermanos.
¿La cuadrilla? La cuadrilla de la Alegría, donde tengo compañeros en otros pasos y amigos, dicen eso, que no van a permanecer en su mayoría, inmensa mayoría, ni un minuto más.
Que el esfuerzo, el tiempo, ha sido perdido, no valorado, y al fin han dado rienda sueltas al plan trazado, también hace que Juan Luis y su equipo no pierdan ni un minuto más.
Esperando quedo, quedamos, esperabamos al tercer día, cuando Cristo Resucitó, por ver si alguien al fin decía la verdad, pero no, tendremos que esperar algún minuto más.
Ánimos a la familia Berrocal, al equipo de capataces, a esos costaleros que creyeron, trabajaron en largas noches de frío, aportaron ambiente humano, Hermandad, y sobre todo, se han visto engañados una vez más. Ya al menos se acabó el engaño, no va a durar ni un minuto más.





