Entre tanto anuncio de elecciones en las hermandades con sus dimes y diretes, con este vendrá y este saldrá, con aquellos ya acaban y estos los que llegan, unos a su casa, otros recuperan lo que es suyo, vendrá tal banda, traerán a aquel capataz, y toda la parafernalia que se monta ahora en algunos lados rozando lo inmoral y hasta lo insano, donde uno, se hace bastantes preguntas.
Nada me ocupa en lo personal. Gracias a Dios en mis hermandades hago lo que puedo, cuando puedo. Ni me presento a ningún circo para ganar el poder, ni necesito el poder, ni ningún amigo me ha dicho que necesite de ningún cargo.
A algunos se les ve nerviosos. Eso de estar tanto sin ese maná divino de llegar a los sitios y tan solo con la mirada, decir: aquí estoy ya, observarme porque soy inamovible, no como vosotros que ya me estáis sobrando, no hace falta ni que paséis por caja, la mejor cuenta que se puede pagar es la que no se va a consumir, la que no vais a consumir. Salgan, y buena suerte. O no vuelvan.
En estos tiempos de falta de candidatos por doquier, donde el poder se le atraganta a la mayoría de los cofrades, porque no da tanto como quita, porque se hace pesado cuando no quieres poder, sino, gobernar para que una gestora no desgobierne, se plantea uno aquello de los años que debería estar una persona al frente de la cofradía.
Hace poco, un hermano mayor ha comenzado su segundo mandato, sus últimos cuatro años. Ahora, en nada de tiempo, también termina otro hermano mayor sus ocho años. Continuidad. Éxito. Y si no éxito, llamémosle una linea a seguir acertada, más que acertada.
La persona que a día de hoy renueva un cargo, si su gestión ha sido intachable, si económicamente se ha trabajado bien, se ha ido mejorando en experiencia con los años, el patrimonio va en alza, el fondo humano está siendo cuidado, ¿para qué cambiar? ¿por quién cambiar?
Yo cambiaría hasta la forma en que se hacen las cosas ahora mismo.
El director espiritual tiene que tener esa fuerza dentro de una Hermandad, en la que los cuatro años que un hermano mayor termina, sean analizados desde el punto de vista cristiano. Sin tener en cuenta las salidas procesionales, donde no se va a tener en cuenta lo bien que anduvo el paso en tal revirá, ni qué bien ni cuánto ha mejorado el otro paso con el cambio de el afamado capataz.
Se ha de tener en cuenta, cómo se ha gestionado la evangelización, la cercanía al grupo de hermanos, la calidad del calor de hogar, el de hermandad, el necesario.
Se ha de tener en cuenta si merece la pena una renovación, cuando este hermano mayor quiere seguir, si es que quiere, pero si es afirmativo, antes que a los hermanos debería de hablarlo con él, con el director espiritual para que le dé su beneplácito, o por lo contrario, le diga que no es correcto que su mandato acabe en unas elecciones contra otro hermano que vea mejor capacitado, o que ve mejor como relevo.
Nos ahorraríamos mucho en unas elecciones en las que no concurrieran más que las propuestas de los hermanos, en común, con una línea de patrimonio propia, que todos aceptemos, para que pasen los años que pasen, se mantenga siempre como línea indivisible, y sobre todo, siga marcando el sello de la hermandad, que algunas, pues también es hora de que ya lo definan, tanto internamente en su día a día, como en la puesta en escena el día de la salida procesional.
No puede una hermandad ver cómo sus elecciones, son frecuentadas con proyectos de cambios de estilos musicales, cambios de capataces en las antípodas de lo que es o ha sido la hermandad siempre, o incluso en el hábito nazareno, algunos, hasta queriendo perder su color característico de siempre.
Cuando uno está en una hermandad, decide pertenecer a ella, no tiene por qué traer sus gustos personales y menos imponerlos. Lo que faltaba ya.
Yo, le digo dando vueltas a lo que nos viene. No me va nada en ello, ni sé quién entrará en ninguna hermandad los próximos cuatro años.
Yo, solo digo que si lo hace bien, si todo va bien, después de estos cuatro, ocho años más.





