La chicotá de Nandel | Porque un amigo se va

Amigo mío. ¿Cuántas veces nos abrazamos antaño, tanto que ya ni recordamos? Son muchos, muchísimos los años que compartimos, ya no trabajadera, ni hermandades, ni amigos de niñez, sino lugares donde hemos sido felices, de los que al llegar y no ser fechas de cuaresma, en el tórrido verano, aún ves el lugar vacío, y lo llena el recuerdo de tu siempre, fiel y sonrisa de verdad.

Hay muy pocas personas que entregan una risa verdadera, y la tuya tiene empadronamiento en la Corredera, y hasta cuenta corriente en Cajasur.

Pasaron amigo muchos años, muchos, quizá demasiados donde o no supe, o no supimos controlar nuestras actitudes, equivocadas, a la vista está por lo que nos costaron, o quizá las personas de las que nos rodeamos, nos utilizaron y hasta para saludarnos nos volvíamos la cara a veces, pues no nos estaba permitido ni el saludo.

Pero si una amistad es verdadera, un amor es fiel, o una mirada es limpia, como tú sonrisa en la Corredera, de niñez, fresca y renovada, años y años después, sale a flote como nosotros siempre hemos salido.

Te anuncié en mi barrio que volvíamos a compartir trabajadera, y el destino y la Estrella de un barrio así nos lo ratificó en una igualá tan justa para nosotros, como injusta para tantas personas que no tuvieron nuestra suerte. Si a bien lo tienen, que nos llamen que sabes que sabemos cómo hacer las cosas, y que echen a ese Capataz. 

La noticia de tu adiós, ha sido una mirada al desierto. Dónde no se ve más que en el horizonte la nada, pues había mucho por vivir de nuevo juntos.

Las horas de después fueron de pausa, con el compromiso de decir algo, pero sin saber el qué.

Pero al final te lo dije, y tu respuesta fue reprobada por uno que ya sabe lo que es irse, aún sin querer, como es el caso aunque por diferentes motivos, de sitios en los que has dado el alma, y quién sabe si algo de mi alma quedó por ahí, pero se separó de mí, y en mí ya poco queda, de alma, y de aquel lugar.

Esta tierra siempre da una nueva primavera, y la tuya va a ser dura, pero otra y otra, y otra dará, tenlo por seguro.

La familia, te espera, los amigos te esperan, la vida te espera, pues como dice ese Capataz que tanto te quiere, que a mí tanto me aguanta, y al que si hace falta tendremos que echar, «hoy es el primer día del resto de tu vida, disfrútalo». 

Te sonrío el amor y la vida se enderezó de un color que antes no conocías, y aunque marchaste, nunca te fuiste de nuestros sitios, ni lugares, y tú sonrisa sigue ahí viviendo, y seguirá.

Y así, todo. La vida viene con la mano abierta y todas las piezas del ajedrez derrama por el suelo, pero yo no sé jugar al ajedrez, yo no se tú, así que dejamos que la vida haga lo que quiera, pues nunca podrá derribar por muy grande que sea la fuerza de su brazo, el cariño construido en tantos corazones de lunes, miércoles, de familias donde no eres uno más, y lo sabes, y desde ayer te habrás dado más que cuenta, aunque tú ya lo sabías.

Juanma, amigo mío, la vida te dará otra primavera, y como te dije ayer, me debes el volver a tenerte como el sábado pasado, pero en nuestro día, en ese barrio, o siquiera en nuestra plaza, o donde el destino o la vida nos recoloque, como un peón de tablero de ajedrez que ella misma decidió derramar, con todas sus ilusiones.

Por mi parte, todo queda dicho, encima esto lo leerá el Capataz, a ese que puede que tengamos que echar, pero sabes que él, tu familia, tus amigos y yo, nos quedamos sin una primavera, pues nos faltas tú, como un color de un arcoiris, y no será completa pero te haremos estar allí, de una forma u otra, aunque hoy se nos muera el alma, porque un amigo se va.