La chicotá de Nandel | Quién te ha visto y quién te ve

Madre mía, cómo ha pasado el tiempo y qué mal le ha sentado a alguno, con el norte perdido, sin ver lo que delante tiene, quién te ha visto y quién te ve.

Quién te ha visto y quién te ve, Tú, que eras tan de barrio como la vecina que perfuma las aceras yendo al mercado, charlando con tu raza en esa plaza torera, chapoteando temporales vecinales, ayudando al prójimo con tus lágrimas, con sus plegarias, devueltas por ti en favores, pero, quién te ha visto y quién te ve.

Abandonada al ostracismo por el izquierdo por delante, por la moda aplastada, arrinconada al ostracismo del segundo lugar, donde también vive Tu Hermana, esa que comparte contigo nombre, y que recibe más ojana que calor de Hermandad, pues ya hay quién la moda, a antepuesto a darle su lugar, quién la ha visto, y quién la ve.

Te van a entronizar en algo tan hermoso, tan ideal, de tanta belleza y riqueza patrimonial, que han dado de lado con antelación lo humano, a los verdaderos corazones, más calés que cristianos, tan cristianos como calés. Ahora son ellos los que te ven perfumar las aceras, desde las aceras, pues ya no estarán en ese lugar preciso para ellos, precioso para ellos, junto a Ti, quién los ha visto, y quien los ve.

No seré yo quien ponga nombres, quien señale a nadie, ni a los que ahora presumen en presentaciones de riquezas futuras ya en marcha, en cosas que dicen, serán de una importancia dignas de ser estudiadas y señaladas con el dedo, qué feo eso para los cristianos, cuando con ese dedo antes han señalado a otros, o les han enseñado la puerta de salida.

Madre, que lo real seas Tú, esas sagradas hechuras, las que enloquecen a la multitud, sin modas, sin censuras, que yo sé que es difícil recobrar la esencia, pues los que la tenían o faltan, o ya no están, pero es como recuerdo Tu casa, como recuerdo mi niñez, observando Tu Esperanza, recibiendo esa calidez, la de una Madre, la de una Reina siempre engalanada con la fragancia eterna del todo, y al marchar, quedar la nada. 

¿Quién busca más que eso? ¿Quién se conforma con menos, después de haberte observado, sentir tenerlo todo? Si alguno no lo entiende, o está equivocado o en el lugar incorrecto, donde quizá mandaron a algunos en concreto, y aunque se fueran, aunque ya no estén tan cerca, siempre sabrán percibir mejor tus bondades, tu aroma, tu mirar. Esos también reclaman como yo, quién te ha visto y quién te ve.