La Chicotá de Nandel | Ruido blanco

Con nombres de guerra volverán a ser tuyos los que te siguen, pues no son muchos, ni en casa siquiera, pero son ruidosos, el corazón late y, lo hace de una manera descomunal.

No es que simplemente por el roce, por las miradas, como dos personas que se gustan en el metro, uno empiece a mirarte, y mirarte, y ser participe en más y más miradas, es un cuadrilátero donde no hay reglas, solamente quererse, solamente mirarse, hablarse con los ojos, postrar el alma y amarse con el corazón.

Quien te quiere te quiere bien, y eso tú lo sabes.

Son diecisiete, y van cayendo como losas. Eres un ruido blanco que templa, que calma, que relaja, que a veces también duele pero, es que tú estás ahí para eso, demostrarnos que hay dolor, y más cuando a ti nos acercamos los desterrados hijos de Eva para pedirte por nuestro dolor.

¿Quién te piropea de día que no te conoce en la noche? Es imposible, pues solo imaginarte en una calleja, en la oscuridad siendo la única y verdadera luz… Es imposible. Y es imposible porque eres lo imposible de explicar, de describir, y cuando ya todo ha pasado, te das cuenta que lo que eras, eras toda esa calleja, porque has pasado y ya no queda nada, Tú, lo eras todo, y por lo tanto, descubrimos que sin tí, nosotros no somos más que una sombra en la calleja, en total y vertical oscuridad, soledad, compaña.

Diecisiete, y horas quedan, serán ya dieciséis las lunas, los días sin sol, pues vienen días grises, esos que cuando lo son para el corazón, Tú consuelas, calmas, templas, pues eres ese ruido blanco, vestido de noche en el día.

Sé que contigo están y te abrazan a diario los que ya no tenemos la suerte de abrazar nosotros, pero sí de sentir, pues los que contigo se fueron, están más cerca de nosotros cuando vamos contigo. Ser tu costalero es la magia de un traspaso divino, el de subir y bajar, de donde por ti pisamos, hasta el cielo que anhelamos.

A veces no se escucha, ni se te escucha, pero ese día sí, ese día eres un poema del mejor de los poetas, la música de los músicos del Señor. Eres punto cardinal desde salida a entrada, eres esa prosa cantada que se convierte en canción, Pura, Limpia y Concebida Concepción.

Diecisiete días, no más, deseando abrazar ese ruido, el ruido blanco, tan perjudicial a la larga exposición como placentero para la mente, para el corazón