La chicotá de Nandel | Tarde o temprano, pero presente

Hace ya meses y meses que no retomo muchas cosas. Entre ellas se encuentra el dar mi opinión personal sobre el panorama de actualidad de unas Hermandades que dan más juego que antes en noticias sonrientes, de icono con risita, y menos prensa del corazón o de caos, cosa que se agradece.

Haciendo un balance desde la lejanía del artículo semanal, las Hermandades de Córdoba son auténticas supervivientes. ¡Auténticas! No les quepa la menor duda.

¿Las bandas de la ciudad? Pues, si me apuran, han sabido elegir patrones de camino seguro, no al éxito, eso nadie lo puede asegurar, pero sí al saber lo que quieren y lo han conseguido. 

Luego tenemos el tema de cuadrillas, que en cuanto a número ya no son problema, o de capataces, que en cuanto a apariciones de caras nuevas, son noticia de otro emoticono sonriente, o manita con pulgar hacia arriba, y en cuanto a los maestros que aportan la base del capataz en Córdoba, algunos se han retirado, que no los han retirado, y los que quedan, que quedan y mejor que nunca, pues dan una calma y estabilidad necesaria.

Quisiera en el comienzo de mi septiembre, de otro año más dándoles mis opiniones, centrarme en las Hermandades, esas supervivientes.

Me comentaba el otro día un Hermano Mayor, que intentaban conseguir por adelantado el 50% del dinero de subvención, y no a factura pagada. ¿Motivo? Sin dinero para nada. 

Ahí siguen las Hermandades sin poder tener ahorro, pues el trabajo necesita aportación, tiene gastos, hay inversión en patrimonio, y dejan a la altura del betún a Hermandades de otras ciudades, que quizá con más medios, de media y comparando, salimos hasta ganando.

No recuerdo en ninguna Hermandad, que durante 4 años de mandato, el que manda junto a los que elige para trabajar, no quiera ponerse en el mapa. O alguna medalla, que también los hay.

El trabajo diario de las Hermandades se ha reforzado por más juventud, más afluencia diaria, al menos en su mayoría, a otras Hermandades, mal llamadas así, no va gente ni el día que procesionan a ver la salida o la entrada.

Las Hermandades han sobrevivido a gente que ha tenido que gobernarlas a todas, y no se conoce el pin de la tarjeta del banco. Han sobrevivo a Ayuntamientos de vividores populistas, que no se han preocupado ni del pueblo ni de los estamentos, han tenido y tienen que soportar a mamarrachos que cobran «paguitas» solo por hacer como que entorpecen a las Hermandades y sus actos, a los cofrades, a los cristianos.

En Córdoba, la Semana Santa no ha necesitado aún un canal que haga un programa donde tres fantoches manipulen en favor de alguna Hermandad, cuadrilla, banda, o por el contrario lancen a la hoguera a personas o estamentos de la Semana Santa como ocurre en esa Sevilla que tanto admiramos y a la que tanto miramos.

No tenemos nada que ver con lo de fuera en un 80% de las cosas, quizá, es favorable, puesto que tenemos menos complejos, quizá más locos necesarios y valientes, a los que no supimos quizá valorar en su momento, menos dinero, y luchamos por seguir portando la vara en pie de la palabra Hermandad, salimos a las calles a manifestar la Fe, y no tenemos nada que envidiar a nadie.

No quiero ni pensar lo que les viene a las luchadoras Hermandades que van a salir en la Magna, pues el caos se huele desde que se anunció tal evento, pero nada podrá con ellas, se adaptarán, desde el primer participante al último costalero. Éxito de afluencia, de la Semana Santa de Córdoba, de las Hermandades, serán los titulares, taparan el caos, y a otra.

Ellas, como yo, este año vuelven antes de lo esperado, ellas a las calles, y yo a este rincón. El Cáliz de Claudio, tranquilo esté que aquí sigo, sin ser Navidad, tarde o temprano, pero presente.