La Chicotá de Nandel | Toca recordar

Me quedo con que ese señor, que tanto quiere a su Madre, pudo visitarla. Que a pesar de su enfermedad que avanza, como los tontos y, si me permiten, los gilipollas también, avanzan.

Me quedo con que mi padre vio a su Madre. Y la vio más cerquita que en los últimos años. No se le dio ni su lugar, ni se le dio la oportunidad.

Llovió, pero no agusto de todos, de algunos sí. Idiotas. En la vejez tendrán otro día menos que recordar. Cuando no mandas, también te regala Ella momentos bonitos.

La sociedad nos gana por goleada a los cofrades. Yo no soy de poner la «K» a los niñatos que no hemos sabido enseñar. Es más, yo diría que la sociedad ya no gobierna a los payasos que tenemos como hijos, sobrinos, y que ahora queremos aconsejar, pues ni profesores ni cuidadores pueden. Ni la sociedad los ayuda.

No queramos aconsejar en las Cofradías, y menos con educación, cosa que desconocen, pues del insulto no nos bajarán. Como no bajarán el paraguas al caer dos gotas y que el Señor vaya mojándose, ni su Madre. Ni se te ocurra aconsejar. Insulto al canto.

Semana dura, prendidos en la inconsistencia de los que deben ser conscientes que su hora no es que ya pasó, sino, que nunca debió ser su hora.

Anonadados, como diría Rafael Almoguera, al ver que Sentencia, con sones de Sentencia Macarena, sigue siendo silencio y admiración. Encima si van solos, y en solitario, es una absoluta Sentencia de cabo a rabo.

Los místicos, que tan místicos son, deberían hacerse ver lo de salir lloviendo, darse el paseíllo, pues porque el puente los separa, el ridículo más absoluto hacen, este año, más aún. Pongámosle al Señor la Cruz que queramos, cuando nosotros somos la verdadera cruz, mística, pues solo místicos, pero somos su cruz, dos mil años después. Romanos, pero místicos.

Me quedo con la gente que se ve de día en día, de feria en feria, que en esta feria hay elecciones al trono de los tronos.

Que Roma, mi perra, prefiere ya corneta a agrupación, y hay perros, que aún estando su Hermandad en la calle y sin vergüenza alguna, dicen que son alguien, y bajo el aguacero piden marchas.

Quedémonos con lo nuestro, Trini recordando a Juan, aunque en la cara, en los gestos de su nieto pequeño, y hasta en su hijo Guillermo. Visto lo visto, vivido lo vivido, quedémonos con lo nuestro, y si no ha tocado vivir, toca recordar.