A veces me llegan cosas porque hay gente que te las manda en plan, te mando esto, como escandalizado. Otros te mandan cosas más duras, otros más tibias, y normalmente en esta etapa como opinador, como me decían el otro día, eres un opinador, no hago caso a la mayoría de las cosas, las dejo pasar, intento quedarme con lo bonito de esto.
Al opinador le ha llegado un artículo en un boletín de Hermandad. Es triste, cuanto menos, triste lo que he leído.
A este opinador aparte de querer ensalzar lo bonito del mundo de las Cofradías, también tiene que decir de vez en cuando algo que no está bien, al menos para él, para el opinador, pero que haya gente que no sepa donde está el bien o el mal, el daño que han podido realizar… Y lo peor es que alguien, desde un director de boletín, o el mismo Hermano Mayor, permitan esto…
Me llega un artículo del famoso «hombre del audio de la Magna». Si, el de la Hermandad del Nazareno, me lo manda un hermano enfadado, o al menos como yo, viendo que se encuentra esto fuera de lugar.
En ese artículo, los golpes de pecho retumban desde San Agustín a San Lorenzo, desde Puerta Nueva a La Fuensanta, rebotando desde Santiago a San Pablo, llegando a San Andrés, Santa Marina, volviendo al mismo lugar, a «la casa».
No tengo ira, más me valdría, ni nada en lo personal contra esta persona, es más, lo conocí una noche y me pareció un tío cabal, de su Hermandad, y un tío genial como me han hablado muchas personas. Osea, que no vayan a pensarse que hay gato encerrado ninguno.
Los golpes de pecho, nos ensalzan una vida de Hermandad por y para la Hermandad. Pues como todos los que somos hermanos, o así debería ser.
Quizá alguien vaya tres días mal contados a su Hermandad, en la que se apuntó y lleva cinco años, haga menos ruido, daño y sobretodo, pueda hacer mejor servicio a esa Hermandad que de tanta historia se nutre, de tanta historia se presume en ese artículo, y que nadie, nadie, crítico, solo objetaron opiniones sobre cosas, pues que no fueron más allá de lo verdaderamente lógico.
He escuchado en este mismo medio, en el programa 24/7, a gente que achacaba y con toda razón, que la Hermandad fulminara al capataz en plena estación de penitencia. Pues era de ida y vuelta, no solo de ida. Y eso fue desacertado a todas luces. Pero tiene que haber luces.
He escuchado los audios del señor, que ha olvidado el sentido anónimo del costalero, y que ha sido traspasado como un rayo por la modernidad de watshapp y redes sociales, aunque bueno, de no ser más que un hermano, se ha hecho famoso, eso sí.
En fin, muchas cosas se dijeron, pocas se probaron, mucho daño se hizo, por el audio a la Hermandad, a esa que tantos años tiene, a la que tanto dicen querer muchos, muchos que le hicieron daño, y al final, la cosa cuando ya se ha olvidado, nada, la volvemos a cagar.
Que en un boletín de una Hermandad se pueda publicar un artículo volviendo a sacar a relucir un día negro de la Cofradia, protagonizado por quien sea, pero ya olvidado por todos, o al menos, querido olvidar, mal.
Que el protagonista del artículo, sea la persona por la que mucha gente en Córdoba, pero también en Andalucía, se interesase por la comidilla de la Magna, olvidando lo sagrado e importante, peor.
Mi tío, ayudó en el diseño de ese hábito Nazareno, para que después incluso sus mismos hermanos lo dejasen a un lado como a alguien que no era de «la casa», que sobraba porque no sería de la verdadera Hermandad que buscaban. Será por su memoria, ya que él ya está con su Padre Cristobal, será porque lo veo una injusticia, pero señor Hermano Mayor del Nazareno, coja las riendas de su Boletín, y de los de «la casa», a no ser que usted, pertenezca a estos de «la casa».
Se mancilla el boletín por el culpable de mucho en la Magna, porque aunque no hiciera nada reprochable en su tránsito, nos hizo a todos partícipes con sus reproches, ensuciando este acto y siendo altavoz para tonterías y conjeturas, dañando a la Hermandad, a la cuadrilla, porque no todos pensaban como él ni querían este revuelo, a una persona como Sony, y a esos auxiliares que Sony dijo que adelante, de vuelta con el Señor Nazareno.
«La casa», es muy grande, grandísima, histórica y muy querida por el pueblo de Córdoba, para que algunos en un watshapp, Facebook, o el medio que sea, a dañen, pero que ya cuando todo estaba terminado usen el boletín que pagan todos los hermanos, no para pedir perdón, sino, volver a sacar a la luz lo acontecido, ya la cosa es excelsa.
Un hermano ha podido hacer más grande su casa, a «la casa», de la que tanto se presume.
Habría que haber dejado ya pasar el mal trance, o ser humilde entre los hermanos y entonar un perdón de Hermandad, de hermanos, pero no, nos referimos a que aquello es un cortijo de pocos, que él forma parte de esos pocos, y que ni los sevillanos, ni Sony, ni nadie que venga, ni los cofrades que vieron las cosas rocambolescas, entienden si las cosas se hacen mal desde dentro, a los de dentro, los de «la casa». ¡Son unos incomprendidos oiga!
A Capdevila, al cuál le tengo un cariño grande, habrá que echarle una manita desde dentro. Él y muchos con él, irán a esta casa, que no es la suya pero van a hacerla suya, pero si algo sale mal y no por su bien hacer, no nos extrañemos de otro cambio, porque no habrá comprendido a «la casa».
Pedir perdón en un boletín, de los hermanos y para los hermanos, hubiese sido digno de elogio y digno de alabanza, aunque no se buscase.
El silencio, otra buena opción, el tiempo todo lo cura y al final, entre bromas saldría el tema y nada, una risas y a seguir.
Se ha elegido nuevamente la peor opción, de uno de «la casa», en «la casa», para «la casa» y los de «la casa».
De poder hacer bien las cosas o no hacer nada, elegimos la peor decisión, una oportunidad perdida.
Foto: @garcilanga





