La Chicotá de Nandel | Voces y lamentos

Aún quedan tus voces. Aún retumban tus lamentos, y lo entiendo. Todos los entendemos. Las penas que cargas, y ya que nadie se las crea… no hay derecho.

Te has ido. Y aunque has querido participar con dos chiquillas que nada deben saber de ti, y, peor, que has corroborado que te tratan como si no fueras nadie, aunque lo hayas querido grabar, no eres nadie. Has pasado como un olor del que la gente disfruta un segundo, pero que al final todos olvidan. No te preocupes que para siempre quedarás grabado a fuego en pueblos donde aún te buscan por tu aportación económica, o no; ya según lo mire cada cual.

Ha pasado tanto tiempo en el que fuiste alguien… Hasta Fray Ricardo te prestó su atención. Tanto trabajaste pero poco reconocido… Tú, que tanto fuiste, o presumiste serlo, tapicero sin sillón. Has vuelto a tu plaza, a la que dices que es tu casa, para despedirte. Se ha sentido tu presencia por última vez. Siento si a alguno le ha molestado, pero estoy contigo, es tu casa, tu plaza… siempre en nuestro recuerdo estarás.

Gracias por habernos dado tanto, ahora que para siempre te vas. Que tú no tapizas almas, tú eras más de soñar y en el corazón llevar, y en el alma, a la que seguro te ha recibido sin que tengas nada que tapizar: la Reina de todos, que te abrazó con regocijo. Hasta siempre, Rafael, nombre de protector de esta tierra, y también Aguilar.