La columna de Josema | Carguitis aguda

Los procesos electorales -como en todos los ámbitos de la vida democrática– suponen momentos de tensión en las instituciones y para aquellos que forman parte de estas. El deseo de servir a las hermandades -en el caso concreto de los procesos electorales cofrades– choca en muchas ocasiones con el legítimo deseo de ocupar un cargo o lo que es lo mismo, aquello de Antonio Garrido “el problema de esta hermandad lo arreglo yo en diez minutos…” lo complicado de todo este embrollo es encontrar el equilibrio necesario entre el “servicio a” para que no se convierta en el “servicio de”, indagar en la idea de ocupar un cargo con “vocación de servicio a” implica trabajar por y para la hermandad. Trabajar en proyectos de hermandad y no de juntas de gobierno, tener altura de miras y ver más allá del árbol que no nos permite ver el bosque.

Entonces ¿Por qué hay tantas hermandades con tensiones permanentes en comicios? ¿acaso no estamos entendiendo que la carguitis aguda no nos lleva a nada bueno? Si tomáramos los cargos con vocación de servicio pocos -o muy pocos- desarrollarían el hambre voraz de asiento, de vara o de presidencia. Al final, la conclusión es muy sencilla: que lo que salga -y quien salga- sea lo mejor para mi hermandad, esté o no esté yo entre los apóstoles que rodean al “Mesías” que ocupará el cargo cuatro años. He dicho.