No era tan difícil. Con Ella, con la Blanca Paloma de Capuchinos, todo basta. Tal cual es, alegre, elegante, dulce y radiantemente bella, la Virgen de la Paz y Esperanza conquistó una vez más el corazón de la ciudad califal en una jornada histórica para sus hermanos y los cofrades en general. No hicieron falta experimentos de ningún tipo, pues Ella supo brindar la Paz y la Esperanza que tanto necesitamos en los turbulentos tiempos que corren, y que quedó grabada con letras de oro y plata en ese cielo de Capuchinos al que tantos se asomaron para deleitarse con su presencia.
El calor de este ocho de octubre no fue obstáculo para que una gran bulla se arremolinara alrededor del particularísimo paso de palio ochavado de la dolorosa de Cerrillo. Innumerables momentos emotivos se sucedieron a lo largo de la jornada, que contó con el contrapunto sonoro de la Banda de Música Municipal de Arahal, que rayó a un altísimo nivel, mostrando una vez más que estamos ante una de las grandes formaciones musicales de una tierra tan rica en bandas de música como la provincia de Sevilla. Un exquisito y repertorio variado pudo disfrutarse tras el inmaculado palio de la Paz.
En la salida sonó «El Cielo de Capuchinos», en honor a Fray Ricardo de Córdoba y los hermanos fallecidos de la corporación del Miércoles Santo. Otro momento álgido de la jornada pudo vivirse en Capitulares, y es que en los aledaños del Ayuntamiento sonó la marcha «Pasan los Campanilleros», y el paso de palio de la Reina de Capuchinos se levantó a pulso para arrancar con el cambio de la marcha y provocar un estallido de júbilo en el público asistente. Por destacar un último momento, en el Patio de los Naranjos la Mezquita-Catedral abrazó a la dolorosa con el sonido atronador del repique de campanas, mientras el paso de palio reviraba 180º para despedirse de la feligresía mientras sonaba uno de los himnos de la corporación capuchina, «Paz y Esperanza».
A destacar, igualmente, la presencia de dos históricos capataces frente al palio de la Paz: Rafael Muñoz y Juan Berrocal, así como el relicario de Fray Leopoldo que se situó en el cortejo precediendo al restaurado estandarte corporativo de la Hermandad de la Paz. Por ponerle un pequeño «pero» a la jornada, precisamente el cortejo se antojó corto para el inmenso tirón popular del que goza la cofradía del Miércoles Santo. La candelería, por su parte, no lució en todo momento como merece la Virgen de la Paz.
Para el traslado la Virgen lució la diadema donada por la Familia Fernández Poyatos y otra familia devota que ha sido realizada por el orfebre Jesús de Julián. El diseño de la diadema está concebido a modo de transición entre el ajuar realizado para la imagen durante los últimos años y la que será la nueva corona de la Coronación, motivo por el que se opta por la bicromía. De esta manera se aprecia una clara distinción de elementos, según sea plata en su color o plata dorada, a modo de dos piezas superpuestas.
La iconografía presente en el diseño de la pieza tiene como eje vertebrador el Evangelio, que presenta como modelo de fe y caridad a la Santísima Virgen que, como criatura predilecta de Dios, se presenta ante los ojos de la creación como Madre de Cristo, de la Iglesia y Reina de la Paz. En la franja inferior aparece una leyenda en latín, “In quamcumque domun intraveritis primum dicite pax huic comui” (al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: “la paz sea en esta casa”, texto extraído del Evangelio de San Lucas. “Esta es la llamada de Jesús a la Evangelización, que está establecida como fin de la Hermandad de la Paz, ya que sus miembros ejercen la labor de propagación del Evangelio trayendo consigo la paz”, asegura el comunicado emitido al efecto.
La naturaleza terrenal de la Virgen se presenta en el segundo cuerpo del diseño mediante diferentes elementos presentes en la naturaleza, en plata en su color, que circundan la diadema entre la franja inferior y la ráfaga de luz. Este segundo cuerpo se corona con sendas laureadas de olivo, en alusión a que la Virgen fue enaltecida por Dios como Reina del universo, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte.
En el tercer cuerpo, en el centro de la diadema, aparece dentro de una hornacina una matrona rodeada de niños, una representación alegórica de la virtud teologal de la Caridad, por la que amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. La matrona reconforta y alimenta a los pequeños, y éstos a su vez, alzan flameantes antorchas como símbolo de ardiente vínculo, fruto del ejercicio de esta virtud.
En la parte superior de la pieza aparece una ráfaga compuesta de rayos rectos a modo de haces de luz. El empleo del dorado en esta zona acentúa, estética y simbólicamente, que María Santísima es la “Llena de Gracia”, la mujer vestida de sol de la que nos habla el Apocalipsis, y coronada de doce estrellas, distribuidas en el perímetro de la pieza. En el centro, la cruz se impone triunfante como consecuencia del sacrificio en ella realizado por Nuestro Señor Jesucristo, que murió para la salvación del hombre y venció al pecado y a la muerte en su Sagrada Resurrección.
Para el traslado de ida el paso de palio ha lucidoun exorno floral creado por Floristería Mayo donde predomina la tonalidad del blanco. Compuesto por Algodón, Rosa Alba, Rosa Véndela, Rosa Akito, Alhelíes white, Astromelia blanca, hoja de Aralia, Birch pint oro, Boubar, Cala Crystal, hoja de Chico, Clavel Blanco, Craspedia oro tintada, Dendrobium blanco, Flor de Cera, Fressia doble blanca, Hypericum Coco, Hypericum Lucky, Longiflorum, hoja de Roble Americano blanca, Solidago White, Verónica Luna, Nardos, Menta y Cristales.




























































