La crónica de Sevilla | El ocaso del cielo

El calor y la gran presencia de público son un día más la nota dominante

«Al cielo con este cielo, llamado Semana Santa», entonaba el maestro Antonio Burgos en su Pregón de la Semana Santa 2008.

Y los martillos de los últimos pasos que recorren la Carrera Oficial en la semana en la semana más esperada, se tocaron con ímpetu en un nostálgico Sábado Santo marcado nuevamente por las altas temperaturas y la ausencia de precipitaciones.

Las cinco hermandades salieron a la hora prevista de sus templos, siendo el Sol la que inauguraba la jornada en el plantinar a la una menos cuarto de la tarde.

Posteriormente lo harían las dos hermandades del Casco Histórico: La Trinidad, desde el Santuario de María Auxiliadora; y los Servitas, desde su capilla de la Calle Siete Dolores, junto a la conocida Plaza de San Marcos.

La Hermandad de los Servitas derrochó elegancia y recogimiento en un nuevo Sábado Santo.

En este último enclave, la salida de la corporación volvía a enmudecer a todo el gentío agolpado en los alrededores por la dificultad que conlleva debido a la estrechez de calle.

Magníficas fotografías de la Hermandad de la Trinidad a su llegada a la calle Jesús de las Tres Caídas.

La Trinidad, por su parte, ofrecía desde que se abrían las puertas de la basílica, un extraordinario espectáculo visual y sonoro con la brillantez de sus tres pasos, que además estaban acompañados por formaciones de un nivel superior (Cigarreras en el Decreto, Tres Caídas de Triana en el misterio de las Cinco Llagas y la Oliva de Salteras en el palio) que hicieron las delicias de los devotos y cofrades.

Avanzado la tarde, se iniciaban los desfiles procesionales ena Carrera Oficial repitiendo una vez más la asignatura pendiente de esta Semana Santa, los retrasos en los horarios. Y es que cuando llegaba la Cruz de Guía de la última hermandad, la Soledad de San Lorenzo, a la Plaza de San Francisco, el día registraba casi treinta minutos de atraso sobre la hora prevista.

Afortunadamente, fue la única incidencia destacable en un Sábado Santo destacable, con las calles llenas de sevillanos y visitantes de otras provincias andaluzas como Córdoba y Cádiz.

Regusto de siglos pasados de la cofradía del Sol por las calles más céntricas de la ciudad.s

El Sol volvía a su templo regalando instantes de ensueño con la inconfundible personalidad de su cortejo, desde la cruz de guía al hábito de nazareno y por supuesto los pasos.

Por otro lado, el Santo Entierro nos devolvía a la niñez con una de las representaciones alegóricas que más interés despierta entre pequeños y adultos, el paso de la Canina.

El Santo Entierro de regreso a su templo por la Plaza de la Campana.

La cofradía, que es un auténtico Evangelio efímero, impresionó con la portentosa urna que contenía la Imagen del Cristo Yacente, obra sensacional de Juan de Mesa; la guardia romana, que desfilaba imponente tras el paso; la amplia representación de hermandades y de representaciones civiles y religiosas que acompañaban a la corporación, destacando los estrenos en este cometido del alcalde de Sevilla Antonio Muñoz, y del arzobispo de Sevilla desde el pasado mes de junio monseñor José Ángel Saiz Meneses; y, finalmente, las andas del Duelo completaban la comitiva con el delicado misterio de la Virgen de Villaviciosa acompañada de los personajes de la pasión tras el entierro de Cristo.

La belleza de la Soledad de San Lorenzo sobre su excepcional paso en la noche del Sábado Santo.

Como cierre inmejorable de la noche cerrada ya que se dibujaba en los cielos de Sevilla, la Virgen de la Soledad traía desde San Lorenzo el misticismo y la sobriedad a través de un profundo silencio. Llamaron la atención la gran presencia de niños tanto en las filas de nazarenos como entre los monaguillos, ofreciendo escenas entrañables a la Estación de Penitencia.

Todo se acababa con ella, la Virgen de la Soledad, que entre saetas se abría paso en una Plaza de San Lorenzo en penumbra, y cerraba oficiosamente una Semana Santa esplendorosa, que dejará sin duda un reguero de vivencias guardadas en el corazón de la ciudad hasta que la primavera anuncie el próximo año que vuelve a ser Domingo de Ramos.