El día volvió a ser grande a pesar de los retrasos

En San Julián no cabía un alma. Quedaban tres cuartos de hora y solo podía accederse tímidamente a los espacios donde el sol daba con fuerza. Botellas de agua discurrían por un barrio que vive su día grande. Si no hubiera sido por el reordenamiento de la jornada, la Paz habría sido la primera, pero en la Hiniesta las puertas se abrieron antes de lo esperado. Y comenzaron los aplausos. Por el Porvenir la cruz de guía comenzó a discurrir y se vio al primero de los pasos de la cofradía. El Señor de la Victoria aceptaba su destino cuando poco después, el crucificado de la Buena Muerte mostraba el final. La agrupación musical de Santa María Magdalena de Arahal demostró, como cada año, el vínculo perfecto que existe con el crucificado de Castillo Lastrucci. Tras él, la Virgen de la Hiniesta, con el inconfundible azul de un palio donde todo un cielo cabe. Y nuevamente regreso al Porvenir porque la Virgen de la Paz, con su palio de malla, recibía los rayos de un sol que se notó con fuerza durante la jornada.
Así comenzaba el primer domingo de abril, el día más esperado del año y el que volvió a regalarnos estampas de nuestras infancia. Los dos pasos de la Hiniesta fueron recibidos con petaladas, que han ido en los últimos tiempos buscando mayor efectismo. Así, cuando la dolorosa avanzaba a los sones de Pasan los campanilleros, comenzaron a brotar con fuerza miles de pétalos que convirtieron el gris del suelo en una paleta cromática al instante. Las petaladas pasaron de sorprender a ser impostadas. Habrá que esperar a los próximos días para ver si resuenan con fuerza en los anales de este año.
Por el Salvador aguardaba el futuro de nuestra Semana Santa. Nazarenitos blancos. De la mano del padre tomarán la herencia. El Consejo, que publicó los minutos a través de sus canales oficiales informó de que la Borriquita ganó en Campana cinco minutos —en la plaza de San Francisco el cable de la spidercam acabó con este respiro—. Jesús Despojado dejó cinco. El problema llegó cuando la Hiniesta dejó siete. Y se hizo mayor al transmitir la hermandad de la Sagrada Cena su descontento a través de Twitter. Fue entonces cuando los usuarios comenzaron a formar parte del debate. Estas cuestiones no acabaron desluciendo la jornada. Ni tampoco los retrasos, que al final del día fueron en la Campana de treinta y tres minutos. El nuevo orden, impuesto por el Consejo, no parece solucionar el problema.
Pero las nuevas generaciones, estrenando ilusión, los primeros pasitos hacia el Salvador, fueron el bálsamo de hoy. Volvimos a ver a la Virgen del Subterráneo exquisita, con el sabor de antaño. Antes, en el primero de los pasos, se estrenaron los nuevos ropajes del apostolado. En la plaza de San Francisco, la tulipa colocada en un balcón se precipitó, no teniendo que lamentar heridos, a pesar de la afluencia de público que se contempló en las inmediaciones durante toda la tarde. En ese instante, quienes se apostaban en los palcos buscaron el origen del sonido de los cristales rotos.
Los cambios propiciaron que tras la Cena fuera la Paz y después San Roque. Clasicismo con la Virgen de Gracia y Esperanza, con un palio que fue exornado con claveles blancos. La Amargura volvió a demostrar que todas las perfecciones caben en la cofradía. Numeroso público por Cuna y Laraña acompañó a los sagrados titulares. La hermandad ahora pone sus ojos en el próximo Sábado Santo, cuando la Virgen de la Amargura vuelva a reencontrarse con Sevilla.
La Estrella fue la penúltima cofradía de la jornada en pasar por la carrera oficial, aunque la última en recogerse, como es tradición. Por la mañana recibió la visita de Pilar Llop, ministra de Justicia. El Señor de las Penas lució la corona de espinas y la soga, como antiguamente. Lo hizo sobre un monte de flores moradas. La Virgen, que se cobijó bajo el palio de Rodríguez Ojeda, fue ejemplo del buen hacer de Leandro González, quien se convirtiera en vestidor de la dolorosa en septiembre de 2021. A su regreso, el primero de los pasos realizó varias paradas en el puente, la última de ellas propiciando la queja de los asistentes ante la demora. Una tardanza que se entendió, al evitar de este modo el desmembramiento de la cofradía —la Virgen se encontraba por Adriano—.
Las estaciones penitenciales las cerraron el Amor crucificado y la Virgen del Socorro. La oscuridad del portentoso Cristo de Juan de Mesa no pasó desapercibido para los asistentes. Tampoco la restauración del manto de la dolorosa, que sirvió de ejemplo para recordar el compromiso de las hermandades con su patrimonio. La Virgen del Socorro lució este año la corona de salida enriquecida por joyas que pertenecen a su ajuar. Desde diamantes hasta esmeraldas, ya desde el fondo relucía en sus sienes la presea más que nunca. Se rescataron imágenes de antaño, como así sucedió en nuestra memoria cuando comenzamos a vivir un nuevo Domingo de Ramos.












































































































