En una fría mañana de invierno, su presencia en las calles convirtió la jornada de hoy en un día único y cálido. Numerosos balcones estaban engalanados con girasoles para recibir al Beato Hospitalario. La eucaristía del Colegio Jesús Nazareno, el pasado viernes, supuso el inicio de un Fin de Semana muy hospitalario y nazareno, que tras la Misa de Acción de Gracias en la Santa Iglesia Catedral, culminaba hoy con la Salida Procesional.
El reloj marcaba las 12 horas cuando las puertas de la Iglesia Hospital, ubicado en la antigua calle Carchenilla, se abrieron para que asomase la Cruz Parroquial de San Andrés que abría el cortejo, como muestra de unión entre la Casa Nazarena y la Parroquia. Así se daba paso a un gran número de alumnos del Colegio Jesús Nazareno, todos ellos ataviados con su uniforme escolar. Tras ellos, las representaciones de las Hermandades vinculadas a la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno e hileras de cirios de devotos, cofrades y Hermanas Hospitalarias. En la Plaza que lleva su nombre los cofrades, devotos y numerosos curiosos vieron recompensada su espera y aguardaron con expectación la salida del cortejo procesional.
El recorrido comenzó con la marcha real, entonada por la banda del Cristo de Gracia, que enalteció la salida del Beato Cristóbal. A continuación comenzó a sonar “Que Dios os guarde en el Cielo” en recuerdo a los fallecidos del reciente terremoto en Turquía y Siria y las hermanas hospitalarias y los ancianos de la residencia de Jesús Nazareno fallecidos en este último año. Todo lo que se estaba viviendo hacia ver a los presentes que cada instante que se viviría a raíz de aquel momento se convertiría en único, singular e irrepetible.
Tras la pausa y el sosiego de los primeros metros, llegó el instante en el que el Beato Cristóbal al son de “Nuestro Señor” se presentaba antes sus favoritos, por los que tanto luchó en vida, los ancianos de la Residencia Nazarena.
Inolvidables fueron cada uno de los momentos en su presencia. Una presencia que fue inundando de magia cada una de las miradas que lo buscaban, y así llegó a la casa de la Devoción mariana del Padre Cristóbal, la Virgen de Villaviciosa. En su honor, el Beato se presentó ante su puerta con la marcha “Llena eres de Gracia” para entrar en su casa y volver a ponerse a sus plantas. Y en la puerta, los niños del Colegio junto a las Hermanas Hospitalarias entonaron el Himno del Padre Cristóbal.
El caminar jubiloso de la cuadrilla costalera, mandada por Francisco Luis Castaño Romero, que ha tenido el orgullo de formar parte de la historia y el contrapunto brillante de la Banda del Alpargate, se han convertido en la perfecta simbiosis que han transformado la mañana del domingo en una nueva jornada que almacenar para siempre en el joyero imperecedero de los recuerdos imborrables de la Córdoba cofrade.
Tras cruzar el Realejo, el Sacerdote Emeritense llegaba a las puertas de San Andrés, su Parroquia, donde los esperaban las Hermandades «vecinas» y a su feligresía. Desde allí, el Beato puso camino a su casa, juntos a sus ancianos. Momento que el corazón de los presentes le hacía palpitar que estaban viviendo ya algo habitual, que se repetirá todos los años.
Mientras la mañana, ya había dado paso a la tarde, el Beato Nazareno llegaba a su plaza, a su Iglesia Hospital, a su casa. Y sus niños del Colegio volvían a cantarle su Himno antes de despedirse de Córdoba. Y el pueblo, satisfecho por ser adalid eterno de sus tradiciones, dormidas temporalmente pero jamás erradicadas del alma de Córdoba, fue mutando sus oraciones en saludos y sonrisas que en presencia del Beato Cristóbal siempre vuelven a fluir, constatando que los sueños, siempre destierran las pesadillas convirtiéndolas en una maravillosa y reconfortante realidad.











