La esplendorosa procesión volvió a recorrer la feligresía tres años después
La Hermandad Sacramental de la Magdalena ha llevado la presencia del Señor a las calles del barrio con una impresionante procesión.
La comitiva partía a las diez y media de la mañana de la parroquia, siendo arropada a por un gran número de personas, abriendo camino la exquisita Cruz parroquial repleta de campanitas y el simpático tramo de los más pequeños.
Así pasaba el fantástico Corpus de la Magdalena por la Plaza del Museo. Fotos: Alejandro Sigüenza.
Tres pasos componían el cortejo: El delicado Niño Jesús de la Quinta Angustia, atribuido a Jerónimo Hernández; la Inmaculada, tallada en tamaño natural en madera estofada y policromada, asociándola al escultor Benito Hita del Castillo; y la colosal Custodia que se describe a continuación.
Tal y como explica la Archidiócesis de Sevilla, la Custodia de la Magdalena es la obra realizada por tres artistas plateros del siglo XVII, pero siguiendo el diseño del que la inició, Diego de León, en 1678. La continuó en 1679 el platero Cristóbal Sánchez de la Rosa, y la finalizó Juan Laureano de Pina en 1692. Es una custodia realizada en puro estilo barroco, que predominaba en el siglo XVII y comienzos del XVIII. Tiene tres cuerpos: en el primero presenta a la imagen de la Inmaculada, en el segundo va el ostentorio con el Santísimo, en el tercero aparece el Cordero con los Siete Sellos del Apocalipsis, y todo queda coronado por la imagen de la Fe. Varias imágenes de santos, ángeles y escenas de la pasión de Cristo decoran toda la obra. El conjunto es de una belleza sobria y elegante. El basamento es posterior, y fue realizado entre 1770 y 1772.
Volviendo a la procesión, hay que resaltar el excepcional acompañiento musical de la Banda del Maestro Tejera; así como las representaciones de varía corporaciones de la feligresía como el Carmen del Santo Ángel, el Calvario, la Quinta Angustia o Monserrat.
También han estado presentes los altares efímeros, llamando la atención el de las hermandades del Museo a las puertas del templo; y Monserrat en la calle Cristo del Calvario.
Se cumplió en definitiva la cita ineludible con Jesús Sacramentado, que por fin pudo contemplarse por la feligresía tras los duros años de la pandemia.



























