Incalculable. Infinita. Desbordante. Existen jornadas en las que las palabras parecen quedarse pequeñas ante aquello que los ojos contemplan y el corazón alcanza a sentir. Así volvió a suceder en la víspera del Día de Todos los Santos, cuando Córdoba se reconoció en una de sus tradiciones más hondas y la belleza adquirió una dimensión casi sobrenatural. Nuestra Señora del Amparo abandonó la parroquia de San Francisco para derramar su elegancia por las calles de la ciudad, protagonizando una de esas estampas otoñales en las que la devoción, el arte y la tradición se funden en una misma expresión de fe. Bajo el cielo de noviembre, la Madre de Dios volvió a caminar entre los suyos, envuelta en una solemnidad y una belleza difíciles de medir.
La estampa de la Virgen, bendecida en 2006 por quien hoy ejerce como consiliario de la corporación, Joaquín Alberto Nieva, volvió a ofrecer una lección de delicadeza artística y hondura devocional. La imagen, salida de las manos del imaginero sevillano José Antonio Navarro Arteaga, se presentó con el Niño Jesús entre sus brazos, revestida con una indumentaria de extraordinaria riqueza ornamental, en la que los motivos de estofado aportaban profundidad y refinamiento a una composición de armonía exquisita. Sobre su cabeza, la diadema de decoración rococó y rocalla realzaba la majestad de la Madre, mientras la media luna a sus pies y la azucena que sostenía en su mano derecha proclamaban, mediante la simbología mariana, la pureza que representa.
La salida, prevista para las seis de la tarde, convirtió el entorno de San Francisco en el umbral de una celebración que cada año adquiere un significado singular. La Hermandad del Huerto había preparado los cultos que precedieron al recorrido: el rezo del Ángelus a las doce del mediodía y la función solemne de las cinco, presidida por el párroco y consiliario, Joaquín Alberto Nieva. Concluida la celebración eucarística, llegó el momento de que la Virgen cruzara las puertas del templo y emprendiera un itinerario de tres horas por el corazón histórico de Córdoba.
La Virgen del Amparo procesionó, como cada año, entronizada sobre el paso de María Santísima de la Candelaria, una estampa ya inseparable de esta cita otoñal cordobesa. El conjunto incorporó la candelería propia de la imagen y la candelería de cola perteneciente al paso de la Candelaria, componiendo un escenario de extraordinaria elegancia para la Madre y el Niño. Bajo la luz de las velas, la cera encendida, el movimiento acompasado de los costaleros y la cadencia de las trabajaderas fueron componiendo una estampa de serena majestuosidad, de esas que permanecen en la memoria mucho después de que el paso haya regresado al templo.
Al frente de la cuadrilla se situó el capataz Luis Miguel Carrión, Curro, encargado de conducir el paso durante un recorrido que volvió a enlazar algunos de los enclaves más representativos de la Córdoba antigua. La procesión atravesó espacios tan emblemáticos como la Plaza del Potro, la calle Lineros y la Plaza de San Pedro, antes de adentrarse en otros rincones de una ciudad cuyo trazado histórico parece concebido para acoger manifestaciones de esta naturaleza. Cada calle ofreció una perspectiva distinta de la imagen y cada giro permitió contemplar nuevamente la singular composición de la Virgen y el Niño.
Tras el paso, la Banda de Música Tubamirum, de Cañete de las Torres, volvió a poner sus sones a una cita que constituye ya un clásico del otoño cordobés. Su acompañamiento musical contribuyó a revestir de solemnidad el caminar de la Virgen, estableciendo una armonía entre la música, el movimiento de los costaleros y la cadencia del cortejo. Las marchas fueron envolviendo el recorrido y otorgando a cada instante una intensidad propia, en una sucesión de estampas donde la elegancia de la imagen encontraba su prolongación natural en la música.
La Plaza de la Corredera volvió a convertirse en uno de los escenarios destacados de la procesión. Allí, entre la amplitud de su arquitectura y la singular personalidad de este espacio, la presencia de la Virgen adquirió una dimensión especialmente evocadora. También la calle Escultor Juan de Mesa, conocida popularmente como calle del Poyo, ofreció uno de esos pasajes en los que la estrechez del recorrido y la cercanía de la imagen permiten apreciar con particular intensidad la belleza del conjunto. La cera, el aroma de la tarde, la música y el sonido rítmico de las trabajaderas fueron construyendo una atmósfera de profunda emoción cofrade.
El público acompañó el discurrir de la procesión desde distintas perspectivas. Junto a quienes conocen y esperan cada año esta cita, también se encontraron visitantes que, mientras recorrían la ciudad y buscaban sus rincones más hermosos, se vieron sorprendidos por la presencia de la Virgen. La procesión volvió así a ofrecer una de sus estampas más características: la convivencia entre la devoción arraigada de quienes aguardan su llegada y el asombro de quienes descubren inesperadamente una manifestación de la religiosidad popular cordobesa.
La salida de Nuestra Señora del Amparo posee, además, una significación que trasciende la contemplación artística y la belleza de su recorrido. Su procesión anual, celebrada en torno a la festividad de Todos los Santos, lleva hasta las calles de Córdoba una expresión de oración y recuerdo por todos los difuntos, cuya celebración llegará en apenas unas horas. La presencia de la Virgen adquiere así un sentido especialmente conmovedor: el de una Madre que acompaña, consuela y acoge, mientras la ciudad vuelve sus pensamientos hacia quienes ya no caminan entre nosotros.
En esa dimensión espiritual reside buena parte de la singularidad de esta convocatoria. La Virgen no solo recorre las calles; las convierte en escenario de una memoria compartida, en una manifestación pública de fe que une generaciones y mantiene viva una tradición profundamente vinculada a la identidad de la corporación. La imagen del Niño Jesús entre sus brazos, la azucena que proclama su pureza y la media luna que acompaña su presencia adquieren, en este contexto, una resonancia particular. Todo en ella parece hablar de protección, ternura y esperanza.
Pasadas las nueve de la noche, después de tres horas de recorrido, el paso regresó a la parroquia de San Francisco. La entrada puso término a una jornada en la que la belleza, la música y la devoción habían vuelto a encontrarse en las calles de la ciudad. Tras el itinerario, quedaban las imágenes de la Virgen bajo la luz de la candelería, el eco de Tubamirum y el recuerdo de cada levantá y cada chicotá, cuidadosamente acompasadas por la cuadrilla dirigida por Curro.
Córdoba volvió a contemplar a su Amparo en una de esas citas que explican la fuerza de las tradiciones cuando permanecen fieles a su esencia. La obra de José Antonio Navarro Arteaga, con su riqueza ornamental y su delicada composición, volvió a desplegar una elegancia incalculable sobre el paso de la Candelaria, mientras la música y el caminar de los costaleros daban forma a una estampa de extraordinaria armonía. Y cuando las puertas de San Francisco volvieron a cerrarse, quedó flotando en la memoria de la ciudad la certeza de haber asistido a una de esas tardes en las que la belleza no necesita explicación, porque basta con contemplarla. La Virgen del Amparo había vuelto a caminar por Córdoba y, durante tres horas, su infinita elegancia había sido patrimonio de todos.


































La Hermandad de la Pastora de Capuchinos estrena un nuevo escudo corporativo diseñado por Luis Manuel López Hernández
Aquí hay bemoles | El espejismo del pentagrama: cuando el ego musical puede más que la partitura
La Banda de Música Santa Cecilia de Pedroche volverá a acompañar a Nuestra Señora de los Dolores de Pozoblanco el Martes Santo de 2027
El Señor de la Humildad de Villa del Río inicia los actos de su aniversario con un traslado extraordinario marcado por el duelo y la oración
Sendero de sueños | Tan ocupados en no ceder, terminaron destruyendo aquello que juraron proteger
La familia Litri entrega un traje de luces para hacer realidad el nuevo Simpecado del Rocío de Punta Umbría
La Pastora de Capuchinos contará con un retablo cerámico en la plaza dedicada a la Divina Pastora
La crónica | La Virgen de la Victoria lleva el corazón del Parque Azahara hasta Miralbaida en una emotiva despedida de octubre
El rincón de Costal Hero | El photocall y las ganas de salir en la foto
Los artesanos | Hay días en los que el taller también guarda silencio
Entrevista | Francisco Luis Castaño, «Sony»: «El nombramiento de Luis Miguel (Curro) me sorprendió. Y, sinceramente, me sorprendió para mal»
Álvaro Jiménez Sánchez seguirá al frente del paso de misterio de la Compasión, que incorporará por primera vez a la Virgen del Desamparo en 2027
Padre Pío renueva a Lágrimas de Dolores por cuatro años y confía a Gerena el acompañamiento de la Virgen de la Divina Gracia
La Banda de la Fuensanta renueva su compromiso musical con la Borriquita de El Carpio para el Domingo de Ramos de 2027
José Ángel San Emeterio, hermano de la Hermandad del Museo, fallecido en el accidente ferroviario de Urda 




