La crónica | Martes Santo, la jornada recuperada

Por fin pudieron realizar la estación de penitencia las ocho cofradías. Entre la pandemia y la lluvia, a la cuarta fue la vencida

Este Martes Santo comenzó nuboso. Un 15% de probabilidad de lluvia que fue menguando hacia las dos de la tarde, cuando la presencia de chubascos era nula. Los cielos estuvieron parcialmente cubiertos, por lo que bajó la presencia de sombreros y gorras con respecto a días anteriores. El orden fue el acordado el año pasado, cuando por las lluvias no pudo probarse. La cofradía del Cerro inauguró un cuatro de abril que ya es recuerdo en los vecinos del barrio. En el palio, el relicario del Gran Poder. Las palomas volvieron a poblar el cielo y una enorme petalada cubrió el techo del palio, que apenas podía avanzar nada más salir. Antes, los pasos del Nazareno de la Humildad y el Cristo del Desamparo y Abandono se iban acercando hacia la avenida de Hytasa en una nueva primavera.

Antes de la tres de la tarde no cabía un alfiler en San Esteban. La difícil salida de la Virgen de los Desamparados, imperdible, se resolvió a la perfección. La puerta ojival parece agrandarse para que el sol ilumine el palio de la dolorosa cuando todavía no ha salido a las estrechas calles del casco histórico. Estuvo muy presente la figura del padre José Robles, fallecido en enero, y director espiritual durante 53 años. Durante el recorrido se estrenaron las marchas Volver y Réquiem por San Esteban.

En torno a las cuatro de la tarde, la Candelaria y San Benito. Nazarenos blancos en la Alfalfa para acompañar al Señor de la Salud —con un soberbio monte de rosas rojas—, que llegó para paliar el vacío que dejó el Señor de los Gitanos cuando se marchó a San Román. Y ahora, no se entiende este punto céntrico de la ciudad sin el martes donde es protagonista. Detrás, la Virgen de la Candelaria. Tanto ella como María Santísima de los Desamparados fueron vestidas por Pedro Luis Bazán Gallego. No es el único que hizo doblete hoy. Joaquín Gómez viste actualmente a las dolorosas de los Javieres y los Estudiantes. A la salida de la cofradía de San Nicolás asistieron el actual líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo y el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno.

El líder de los populares también estuvo en San Benito, donde se encontró con el alcalde de la ciudad, Antonio Muñoz y con Marcelino Manzano. Los tres pasos de la cofradía aguardaban impacientes en el interior del templo, preparados para la salida. Entre las modificaciones de su itinerario, su tránsito por la plaza de San Leandro, un punto destacado del recorrido donde se agolpó numeroso público. Estrenó el dorado de la delantera del paso del crucificado de la Sangre, obra de Paco Pardo. El próximo año se cumplirán tres décadas desde que fue coronada la Virgen de la Encarnación. Palomita de Triana que llegó del viejo arrabal hasta el populoso barrio de San Benito para consolar los corazones de todos sus hijos.

Los últimos cambios sucedidos el Martes Santo provocaron que el público mirara con mayor asiduidad los programas de mano y acudiera a las redes sociales. Y continuarán en 2024 con un orden distinto: El Cerro, San Benito, el Dulce Nombre, la Candelaria, San Esteban, los Javieres, los Estudiantes y Santa Cruz. Este año, tras San Benito llegó a la Campana el Dulce Nombre. Jesús ante Anás, que había lucido días antes tal y como realizó su primera salida procesional, volvió a esperar la injusta bofetada cien años después. La Virgen del Dulce Nombre, con la Oliva de Salteras, volvió a citarse con la tradición. En un año donde los exornos florales ofrecen multitud de variedades, en el palio se continuó con los claveles rosas. El palio, al llegar a la plaza de San Francisco, permaneció allí alrededor de veinte minutos al engancharse la spidercam con la cruz que corona la bambalina frontal del paso de palio. Un agente de la guardia civil, que custodiaba el paso, pudo por fin solucionar este inconveniente, siendo aplaudido por los abonados de los palcos, que siguieron con expectación cada momento que pasaba.

Las tres ultimas cofradías mostraron a Jesús en la cruz. El Cristo de las Almas, que protagonizó el viacrucis del Consejo este año y salió erguido sobre las andas de la hermandad de Montserrat —dejando estampas de gran belleza—, llegó a la carrera oficial cuando ya las temperaturas se habían relajado. Y se vieron los primeros abrigos. San Juan volvió a aproximar su mano a la de María. Se puso de manifiesto la acertada decisión de que se incorporase al evangelista al paso de palio, talla de gran valía. Estrenó nimbo con su símbolo iconográfico y el anagrama de la Hermandad «A Cristo por María».

Los Estudiantes llegó desde el rectorado de la Universidad. Un cortejo incesante de penitentes destacan durante el recorrido. Compostura y rosario de peticiones tras el crucificado de Juan de Mesa, que en 2020 cumplió cuatrocientos años. Portentosa imagen, obra de arte universal que podría formar parte de cualquier museo del mundo. Después, un templo que podría ser catedral. María Santísima de la Angustia en su trono de sabiduría. El paso es un deleite para los sentidos. Y la imagen, que gana enteros desde que Joaquín Gómez es su vestidor, volvió a deslumbrar con su belleza, como sucede en cada cambio. Un acierto de la corporación que pocos pueden igualar. Porque la cofradía ha encontrado en esta unión un derroche de buen gusto, un aplauso al unísono, donde es difícil encontrar unanimidad en estos tiempos.

La noche cayó cerrada cuando llegó Santa Cruz. Fernando Fernández Góncer y Carlos Yruela frente comandando los pasos. El crucificado de las Misericordias volvió a elevar su mirada hacia el cielo en la ciudad de la gracia. A sus pies, la Virgen de la Antigua, una iconografía que recuperó cuando la hermandad cumplió su primer centenario. Detrás, la Virgen de los Dolores, con la banda de Tejera. Marchas clásicas que se perdieron por Mateos Gago ya de madrugada, cuando el reloj marcaba la una y media.