Las seis hermandades completan su Estación de Penitencia con cuarenta minutos de retraso y sin incidentes
Sevilla despierta del sueño de una noche para recordar. La Virgen de las Angustias dejaba la Plaza de la Campana con los primero rayos de sol iluminando su paso de palio, y la Esperanza de Triana hacía lo propio en la catedral.
La Madrugá de Sevilla se ha consumado en el recorrido oficial, con las cofradías de ruan en sus templos y las hermandades de capa regresando a sus barrios.
La tónica de la noche ha sido la tranquilidad y el deleite de los sentidos con todo lo que pasaba ante los ojos de una Sevilla entregada.
La Macarena salía fiel a su hora, la medianoche, abriendo los cortejos procesionales de la noche larga. Tenía el aliciente añadido del tránsito por el arco de noche tras ochos años sin pasar por este icónico monumento en la ida a la catedral.
A las doce y media sonaron los primeros redobles de la Centuria Romana Macarena acompañando al Señor de la Sentencia, que se presentaba imponente con la túnica regionalista bordada en terciopelo morado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda.
Entonces quedaban más de doce horas por delante, con quince mil personas en la calle y seis hermandades recorriendo la ciudad.
La Hermandad del Silencio abría los cortejos procesionales, que este año se han adelantado un cuarto de hora en la Carrera Oficial.
La corporación de los primitivos nazarenos cruzaba la Campana con su característico paso racheado como único sonido ambiente, ganando metros y dejando este punto libre para el Gran Poder.
El Señor de Sevilla tomaba el pulso a la noche con su extenso cortejo de antifaces negros y la preciosa túnica de los devotos, pieza estrenada en la misión del Nazareno de Juan de Mesa, siendo la primera vez que la lucía en la Madrugá.
Tras él, la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso portando este año el manto azul, donado por Manuel Ruiz de Lopera.
Con el Gran Poder llegaban los primeros ocho minutos de retraso, los cuales se agraban con El Calvario, que deja diez minutos más; y la Esperanza de Triana, que suma otros doce. Añadiendo el tiempo de la Hermandad de los Gitanos, el resultado en Carrera Oficial era de 44 minutos de retraso.
Las corporaciones del Silencio, El Gran Poder y El Calvario regresaban a su templo al amanecer, sin incidentes y con gran recogimiento.
A primera hora de la mañana se producía una estampa insólito cuando la Macarena recorría la calle Alcázares, fuera del recorrido oficial, para acercarse a los devotos que la esperaban detrás de una valla colocada por el Cecop (Centro de Control Operativo).
La Esperanza de Triana, preciosa con tocado blanco y el manto verde de los Dragones, volvía a pasar a su regresa por la Iglesia de Santa Ana para recogerse pasadas las dos de la tarde.
Atrás quedaría una madrugá llena de vivencias, con la alegría del andar del Señor de las Tres Caídas y los vivas y aplausos a la Reina de la calle Pureza.
A la misma hora cruzaba el dintel de la puerta del santuario María Santísima de las Angustias Coronada, la Virgen de Los Gitanos que protagonizó una de las estampas más hermosas de la jornada al pasar por Campana con los primeros rayos de Sol.
Y finalmente, pasadas las tres de la tarde se arriaban los zancos del palio de la Esperanza Macarena en la basílica, poniendo el broche de oro a una Madrugá irrepetible.

























