Sevilla recupera su fiesta más antigua tras el parón de la pandemia
Hay tres jueves en el año que relucen más que el Sol, como dice el refranero popular, y la jornada Eucarística por excelencia en Sevilla no podía ser menos.
La procesión del Corpus se ha celebrado con un esplendor exquisito, manteniendo la solemnidad característica y el regusto clásico a romero e incienso por las calles del centro de la capital.
Pasaban las ocho y media de la mañana cuando los niños Carráncanos anunciaban el comienzo de la procesión en la Puerta de San Miguel de la Catedral.
Los seguían el larguísimo cortejo de representaciones de Hermandades, iniciándose por las Glorias y siguiendo por las penitenciales.
Entre ellas, discurría el sencillo paso de Santa Ángela de la Cruz, el primero de los que abre la comitiva, exornado con flores blanca. La religiosa pasaba por enclaves como la Plaza de San Francisco, Cuna o el Salvador con los sones musicales de los grupos de motetes que han acompañado el discurrir del Corpus, siendo uno de los estrenos más destacados de la jornada.
También ha destacado la alfombra de flores, arena y sal que por vez primera se instalaba en la Plaza de San Francisco.
Y cómo no, las inconfundibles portadas del Corpus eran otro de los revulsivos de la jornada, estando dedicadas este año a las hermandades de Santa Genoveva (portada junto al Banco de España), y El Carmen (portada junto a la calle Sierpes).
El segundo de los pasos que continuaban la procesión era el de Santa Justa y Rufina, adornado con claveles de color rosa, pequeñas flores blancas y espigas de trigo. Las mártires fueron un símbolo de la defensa de la fe en la ciudad, y por ello son consideradas por muchos sevillanos las copatronas de la ciudad.
El Corpus vuelve a inundar del fervor eucaristíco el centro de Sevilla en una procesión llena de contrastes. Fotos: Andrés González.
Tras las dos hermanas elevadas a los altares, eran precisamente otros dos hermanos los que desfilaban en sus respectivas andas: San Isidoro y San Leandro.
Los obispos que tanto bien hicieron en la ciudad, son representados para la procesión del Corpus con las vestiduras de obispo y los símbolos propios de su rango y labores: San Isidoro con el libro, la Mitra y el Báculo; y San Leandro con los mismos elementos salvo el libro, ya que esta Imagen el prelado saluda y bendice con la mano derecha. Las andas de San Leandro eran además exornadas un año más por la Hermandad de la Macarena.
Especialmente ha sido la llevada de los pasos a la Plaza del Salvador, llena de público y engalanada con las colgaduras del Corpus, junto a los Altares de Pasión (en la puerta principal de la Iglesia Colegial); y de las Siete Palabras (justo en frente, en la Iglesia de San Juan de Dios).
Sobre las 11:30 horas llegaba a este lugar paso con la impresionante talla del Rey San Fernando gubiada por Pedro Roldán, arropada por la corporación municipal y el alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, que se mostraba sereno y agradecido en su primer Corpus como regidor de la ciudad.
Instantáneas de la procesión por la Avenida de la Constitución. Fotos: Pablo Rubio Márquez.
La preciosa Inmaculada perfumada de flores blancas y el Niño Jesús de Martínez Montañés completaban el discurrir de las Imágenes en la procesión.
Tras ellos, refulgía la plata de la Custodia Chica, que contenía la Santa Espina y era portada por los costaleros de la Hermandad del Valle en unas pequeñas andas adornadas con flores rojas y espigas.
Finalmente, la gran Custodia de Arfe, realizada entre 1550 y 1558 por el orfebre que la definió como su mejor creación, cruzaba el centro de Sevilla con una ciudad arrodillada ante el paso del Señor y del sobrecogedor monumento.
Hay que mencionar la curiosidad que tiene el paso de la Custodia, siendo portado por ruedas en lugar de costaleros debido a su peso.
Tras ella iba el nuevo arzobispo de diócesis, moseñor José Ángel Saiz Meneses, que al igual que el alcalde también acompañaba por vez primera al Santísimo.
Eran las 12:30 del mediodía cuando la custodia de Arfe cruzaba la Puerta de Palos para entrar nuevamente en la Santa Iglesia Catedral.
Ese instante ponía punto y final a una procesión sobresaliente, con algún pequeño retraso que sin embargo no restó en esplendor y luminosidad el andar de la Custodia y las imágenes que conformaron el discurrir en la espléndida salida.



































