“La Divina Proporción”, la primera gran obra de Fernando Vaquero para León

El viernes 28 de febrero a las 20.00 horas en la Casa de las Carnicerías (Plaza San Martín), ha tenido lugar el acto de presentación del cartel de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno para la Semana Santa de León 2025. En la presentación ha intervenido el Abad de la Cofradía, Ignacio Tejera Montaño, así como el cartelista, Fernando Vaquero, que se desplazará a León desde su Sevilla natal para explicar el sentido de su cartel a todos los hermanos y asistentes al acto. La entrada será libre hasta completar aforo. Al acto asistirá el alcalde de la ciudad, nuestro hermano D. José Antonio Diez, así como otras autoridades.

Bajo el título “La Divina Proporción”, Vaquero ha creado una verdadera joya en un óleo sobre lienzo.131 x 81 cm. El título viene inspirado por la relación numérica que puede influir profundamente en la forma en que comprendemos el mundo y, en particular, el arte. Descubierto en Grecia, a día de hoy sigue siendo un misterio. Según Luca Pacioli, en su libro «La Divina Proporción», da varias razones por los que el número áureo era divino:

• Existe un único número aúreo. La unicidad del número, que se asemeja a la unidad de Dios. Solo existe un número áureo, como solo existe un Dios.
• El hecho de que esté definido por tres segmentos de una recta, asemejándose así a la Trinidad.
• La inconmensurabilidad del número, igual que Dios es inconmensurable.
• Dios es omnipresente e invariable, igual que lo es este número.

En el Renacimiento, muchos artistas y arquitectos compusieron sus trabajos con la intención de aproximarse a esta proporción, convencidos de que esta relación atribuía a las obras un carácter estético y espiritual. Obras como “La Gioconda” o “La última cena” de Leonardo Da Vinci, El “David” o La “Sagrada Familia” de Miguel Ángel o “El nacimiento de Venus» de Sandro Botticelli son sólo algunas de las obras más conocidas que se crearon respetando estos conceptos. Los arquitectos también tuvieron muy en cuenta este número a la diseñar sus edificios, tenemos ejemplos de ello en las pirámides de Egipto, el Partenón o en la Catedral de Notre Dame.

Así, cuando la Hermandad del Dulce Nombre se pone en contacto con el autor, se propuso hacer un cartel muy especial ya que iba a ser su primer cartel para León. Lo primero que buscó fue la ansiada “inspiración”. A sus manos, llegó el interesantísimo estudio de César García Álvarez sobre la catedral de León, donde realizaba una serie de hipótesis sobre la fundamentación geométrica de la planta de la Catedral de León relacionándola con la proporción áurea, de ahí que el cartel esté basado en esta divina proporción. No obstante, también tiene a Leonardo como inspiración.

Quizás el estudio mas conocido sea “El hombre de Vitruvio” en el que el florentino hace un estudio de las proporciones ideales del cuerpo humano realizado a partir de los textos del primer tratado de arquitectura conocido, el de Marco Vitruvio Polón (arquitecto de Julio Cesar) . En el hombre de Vitruvio vemos a un hombre con los brazos en cruz inscrito en un círculo y un cuadrado . Esta representación simboliza la búsqueda de la armonía, la proporción y la simetría en el cuerpo humano, así como la relación entre el cuerpo y la geometría básica. El círculo, sin principio ni fin, simboliza lo infinito, mientras que el cuadrado, con sus ángulos rectos y lados iguales, alude al mundo material y tangible. La teoría del hombre de Vitruvio sugiere que el cuerpo humano puede encajar, tanto en un círculo perfecto, como en un cuadrado perfecto, lo que representa la conexión entre la naturaleza y el arte, entre la ciencia y el arte, así como la relación entre el hombre y el universo y la idea de que el ser humano es la medida de todas las cosas. Este estudio ha sido clave a lo largo de la historia de la imaginería como referencia de la proporción ideal que debe tener toda talla a la hora de contener belleza.

Con este hallazgo tres eran ya los elementos inspiradores que tenía para componer el cartel: por un lado la referencia a la catedral del León, por otro la idea de la divina proporción y por último el hombre de Vitruvio. Lo primero que hizo fue buscar un formato que contuviera este número áureo: las medidas de este cartel son de 131 x 81 cm, medidas que contienen el número áureo. En segundo lugar, necesitaba encontrar un círculo que fuera reconocible por los leoneses y que permitiera hablar de la pulcra leonina … creo que no hay círculo mas icónico en León que el rosetón central de su Catedral. Y el tercer elemento: el hombre, en este caso Dios hecho hombre. En la iconografía cristiana, la cruz es también una estructura geométrica: dos líneas que se intersecan, simbolizando la conexión entre el cielo (la vertical) y la tierra (la horizontal). Cuando se representa a Cristo crucificado, su cuerpo extiende los brazos en un gesto que lo coloca en el centro de esta intersección, convirtiéndolo en un puente entre lo divino y lo humano, entre lo eterno y lo temporal. Así, la geometría subyacente en ambas figuras es un vehículo para expresar verdades universales. El Hombre de Vitruvio celebra el cuerpo humano como una obra de arte perfecta y armónica, reflejo de un orden cósmico. La figura de Cristo crucificado, en cambio, representa un cuerpo torturado, despojado de toda perfección física, pero lleno de un significado trascendental. Sin embargo, ambos coinciden en enfatizar la centralidad del cuerpo humano como un símbolo de algo más grande: en el caso del hombre de Vitruvio, la conexión del hombre con el universo; en el caso de Cristo, el sacrificio redentor que trasciende lo corporal.

Cartel de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno

La reciente talla del Cristo que aparece en el paso de la Crucifixión y que llegó en aquel inolvidable año de pandemia cumplía a la perfección con la idea que yo barajaba Fernando Vaquero en su cabeza con este cartel. Un cristo simétrico, sobrio y elegante nacido de las manos de José Antonio Navarro Arteaga.

Vaquero ha querido expresar su agradecimiento a la Hermandad de Dulce Nombre por permitirle la más absoluta libertad creativa que les pidió al aceptar este encargo, libertad no solo en la composición sino en la elección del titular protagonista de esta obra. Una talla que no le cabe duda que irá adquiriendo más y más devotos con el paso de los años. Si hay un símbolo por excelencia en el cristianismo ese es el símbolo de la Cruz y si hay un símbolo por excelencia de la pasión de Cristo y de la Semana Santa esa es la imagen del crucificado.

Como ven ha colocado al Dios hecho hombre en el centro, si el hombre de Vitruvio era el centro del universo físico, Cristo es sin duda el centro de nuestro universo espiritual. Tras Él se adivina levemente el círculo de vuestro rosetón así como un cuadrado rojo, que en una primera intención fue un INRI pero que finalmente decidí pintar con esa forma cuadrada tras el Cristo que le aporta un toque contemporáneo y que está pintada con los colores de la Pasión. La estética tenebrista que he utilizado en esta ocasión está basada en los crucificados de Zurbarán con altos contrastes de luces y sombras y con esos sudarios amplios de tela tan típicos del maestro extremeño. La luz que ilumina al Cristo viene desde su esquina superior izquierda bañando sus manos y pecho, pero sobre todo su cabeza y un nimbo, un segundo círculo, que también aparece iluminado. El punto máximo de luz está en su rostro potenciando así su mirada al Altísimo, en el brazo derecho se proyecta la sombra de las espinas de su corona.

Finalmente abajo aparece el texto también en letras rojas, me he permitido que solo aparezca dicho texto en la versión cartelística dejando el cuadro exento de texto para no distraer la jerarquía visual de esta composición.

Con esta obra “Divina proporción», su primera para León, Vaquero ha vuelto a demostrar su maestría indiscutible que lo confirman como uno de los mejores artistas cofrades del panorama actual.