Burladero | El tonto del cartel

Estimado, amable y fiel lector, decía Pablo Picasso que propósito del arte es lavar el polvo de la vida cotidiana de nuestras almas. No siempre se consigue, pero tampoco deja de intentarse. 

Hace unos días la Hermandad de la Macarena dejaba boquiabierto al pintoresco (por decirlo suavemente) mundo de las cofradías con un cartel abstracto. 

El autor era un tal Luis Gordillo, un pintor sevillano que seguramente conocen en su casa a la hora de comer. Esto pensaron más de uno y más de dos, servidor incluido, en nuestra incultura artística contemporánea. Nos sacan de Murillo, Zurbarán, Picasso o Dalí y no somos nadie. 

Efectivamente eso dijeron muchos al ver el cartel con la cara de la Macarena esbozada en trazos de color. 

Pues dio la casualidad que el Señor Gordillo era una de las figuras más importantes del arte abstracto nacional e internacional. A lo que se suma esta obra que es la primera que firma el artista sobre temática sacra. Primera y posiblemente única, porque no parece que este buen hombre vaya a empezar a hacer carteles de Semana Santa con 90 años. 

Es evidente que sobre gustos no hay nada escrito, pero también que ses está haciendo un juicio desproporcionado tanto a la obra como al autor. 

El cartel de la Hermandad de la Macarena 2025 no ha gustado a los sevillanos porque no tiene nada que ver con el estilo clásico y costumbrista con el que nos encuadramos. 

Vale, lo compramos. Pero nadie ha reparado en la importancia del pintor elegido, su trayectoria profesional y lo que supone para la Macarena y Sevilla en general tener en su poder un cuadro suyo. 

Los ”garabatos” de Luis Gordillo suponen una riqueza enorme para la pinacoteca de la corporación de la Madrugada, que alberga en su haber obras de Carmen Laffón, Ricardo Suárez, Nuria Barrera, Manolo Cuervo o Utta Geub. 

Es probable que al señor Gordillo no le queden muchos años, y esta doble pintura del rostro de la reina de Sevilla sea su testamento vital con la ciudad. 

El sevillano, sin embargo, prefiere perder el tiempo criticando si la Macarena está más o menos conseguida y si el cuadro es digno de la hermandad y de la capital hispalense.

¿De verdad estamos tan aburridos como para rasgarnos las vestiduras por un cartel?
¿Necesitamos un cartel?

Lo digo porque yo recorro las calles de Sevilla cada día durante más de 1 hora, y veo miles de carteles. 

El Arco de la Macarena con la basílica al fondo es un cartel, el Parlamento es un cartel, la calle Parras cualquier mañana o el Mercado de Feria es un cartel, y no digamos ya el Salvador o la catedral. Por no hablar de cualquier de las imágenes devocionales. 

Éstos son nuestros auténticos carteles, que podemos disfrutar cada día en 3 dimensiones y superan siempre nuestras expectativas. Lo demás, son tonterías sin mayor importancia. 

Pasen buena semana y empiecen a prepararse para una nueva Cuaresma que se avecina apasionante.