La Fuensanta protagoniza el preludio de su procesión triunfal arropada por la juventud cofrade

Con el traslado procesional de Nuestra Señora de la Fuensanta, desde su Santuario de la Fuensanta hasta la Catedral cordobesa, se ha dado el pistoletazo de salida a los actos festivos que Córdoba celebra en honor a su Co-patrona. Un recorrido, en el que el principal protagonismo ha recaído sobre la juventud cofrade, merced a la presencia de representaciones de los grupos jóvenes de las diferentes Hermandades, que han ido rezando el rosario a lo largo del recorrido, rezo alternado por la música de la capilla musical de la Sagrada Cena, que ha puesto la gratificante nota musical en diversos puntos del recorrido. El itinerario a seguir por la devota imagen mariana ha sido Plaza del Pocito, Avda. Ntra. Sra. de la Fuensanta, Agustín Moreno, Don Rodrigo, Lineros, Lucano, Cardenal González, Magistral González Francés, Puerta Santa Catalina y S.I. Catedral.

Acompañada por un nutrido y vistoso cortejo, la venerada imagen mariana, ataviada con un manto azul distinto al dorado que venía luciendo habitualmente y sobre una elegante y sencilla parihuela, salió a las puertas del Santuario en torno a las 20:30h, al concluir la Solemne Eucaristía, para avanzar con paso firme, como corresponde, por unas calles cordobesas en las que la evidente escasez de público asistente – sensiblemente menor en las cercanías de la Catedral – se ha visto compensada por la indiscutible profesión de fe ejemplificada por los participantes que han evidenciado, una vez más, que los jóvenes cofrades cordobeses asumen con absoluta naturalidad que ser cofrade es mucho más que un solo de corneta o una chicotá imposible y que han vuelto a demostrar que están donde deben cuando deben. 

Ya en torno a las 22:30, la Fuensanta ha llegado al principal templo de la Diócesis de Córdoba, donde esperará pacientemente hasta que mañana llegue su cita con el pueblo de Córdoba para regresar, esta vez, esperemos, con mayor afluencia de público, al Santuario en el que habita el resto del año. Así, volverá a protagonizar una nueva manifestación pública de fe, en un momento en el que todo lo que huele a incienso se halla bajo la lupa e incluso la amenaza, y en el que resulta extremadamente conveniente reivindicar la presencia de la Virgen en la fiesta que existe por y para Ella, con hechos en lugar de palabras y saliendo a su encuentro de manera masiva.