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El viejo costal, 💙 Opinión

La Gorda…

Grita a los cuatro vientos cantando y orando en tu viejo idioma que Córdoba sufre por los que han fallecido, grítalo fuerte a los cuatro puntos cardinales, y nos recuerdas a todos los que por aquí pasamos que es solo eso, un lugar de paso.

La Gorda es una de las campanas del minarete de la Mezquita – Catedral de Córdoba, esta Gorda es una quizás la más flamenca y la de mayor tamaño de las que tenemos, es de sonido impresionante, por tamaño y por ser una vieja obra con más de cinco siglos, quinientos años de tañer mirando la ribera del río grande, viendo pasar los siglos, tendremos que estar de acuerdo que aporta además de mucha vejez, sabiduría, conocimiento y paciencia.

Y ahí, entre esta Gorda, cuyo nombre de verdad es la Campana de Santa María, y otras que allí están, como la de San Pedro, la de Santa Victoria, la del Alba, San Antonio y San Zoilo, la Purísima, Asunción, y algunas más de las que no recuerdo el nombre, mantienen animadas conversaciones entre ellas, especialmente cuando todas juntas suenan, que el resto del tiempo seguro que se lo pasan bostezando, y adormecidas a la suave brisa y recibiendo el castigo insufrible del sol de nuestra ciudad.

Durante un tiempo, al menos al inicio de la pandemia, las han despertado de su letargo, para que al mediodía suenen, replicando para conocimiento general y rendir tributo a las víctimas del coronavirus, así como apoyo a los sanitarios que luchaban en la fecha más cruda de esta pandemia.

Desde muy antiguo en la ciudad de Córdoba, unos toques de la Gorda a las 12:00 horas nos recordaban la hora del rezo del Ángelus, y ahora, al menos durante unas fechas, han gritado todas juntas en un arrebato de sonido único para recordarnos, que los cristianos viejos respetamos la muerte de otros seres, que nos importan, que lo lamentamos y que ese es el final de todos los que por aquí pasamos.

En la actualidad no sé si aún suenan al mediodía por este motivo o por otro, pero si no lo hacen es un triste silencio, contradictorio a la finalidad con la que fuiste creada, la de avisar de las cosas importantes, la oración, las tormentas, las invasiones o cualquier peligro que desde oculto acechara a nuestra ciudad y gentes.

Si te has quedado en silencio, en triste silencio, contradictorio con la naturaleza de tu ser, si has decidido quedarte “plantá”, callada y mirando para otro sitio, estoy seguro que no es por tu determinación, es que ahora tu campanero es un ordenador, no es humano, y los ordenadores ya saben, no tienen ni corazón ni sentimientos, y se dejan manejar por otros que puede que los tengan o que no.

Ahora deciden tras deliberaciones si tu potente voz de siglos ha de llenar cada recoveco de la vieja Córdoba, si con tus latidos has de hacer vibrar cada piedra y cada adoquín del viejo barrio, y de los adyacentes, si con tu grito nos has de despertar el corazón de cada uno de los cordobeses, aunque tu campanero sea un frio ordenador, tu voz ha clamado por las víctimas y los que intentaron salvar el máximo posible de los que formamos tu auditorio, gracias campana de Santa María por recordarme cada día, la oración y a todos los que nos faltan.

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