Un logotipo concebido para acompañar el rezo y la memoria colectiva
La Hermandad de la Hiniesta ha dado a conocer el logotipo oficial que identificará el Vía Crucis Cuaresmal, una propuesta gráfica que será utilizada de manera específica durante la celebración de este acto penitencial. La creación, obra de Jaime Galán Hurtado, quedará además integrada en la papeleta de sitio conmemorativa, reforzando su carácter simbólico y documental.
Autoría vinculada a la identidad y a la pertenencia
El diseño ha sido realizado por Jaime Galán Hurtado, natural de Jerez de la Frontera (2003), quien ha explicado que su trabajo creativo se nutre de lo cercano, lo vivido y lo heredado, de aquello que se asimila sin buscarlo y se comprende con el paso del tiempo. Hermano de la Hermandad de la Hiniesta desde la infancia, el autor define esta vinculación como una herencia familiar inseparable de su identidad personal, presente en cada una de sus señas y referencias vitales.
Una cruz nacida del barrio y del tiempo compartido
La propuesta visual parte de una cruz que no se eleva únicamente hacia el cielo, sino que permanece arraigada entre las personas. Su origen simbólico se sitúa en San Julián, en una plaza marcada por el tránsito cotidiano, las vísperas, los silencios y la vida compartida de un barrio que avanza unido. Se trata de una cruz de hierro, descrita como humilde y firme, alejada de cualquier intención monumental o decorativa, entendida como parte del paisaje diario de la hermandad y de quienes la sienten como propia.
De lo cotidiano al lenguaje visual del Vía Crucis
Desde ese punto de partida, el proyecto se construye desde lo cercano y lo permanente, tomando como base aquello que siempre ha estado presente. La cruz se fragmenta y se transforma en lenguaje, integrándose de manera directa en la expresión Vía Crucis, donde se convierte en un elemento que abraza el sentido del acto como experiencia de fe, recorrido compartido y encuentro.
Un diseño pensado para la calle y la mirada del que pasa
El logotipo ha sido concebido como un lenguaje visual destinado a ocupar el espacio público, a hacerse presente en carteles, soportes y miradas. Su finalidad es detener al transeúnte, provocar una reflexión silenciosa y sembrar la inquietud de la presencia, invitando a participar desde la observación y el recogimiento.
El Vía Crucis como expresión viva de comunidad
La obra plantea el Vía Crucis no solo como oración o tradición, sino como una realidad profundamente enraizada en el barrio y en la memoria colectiva. Se presenta así como una llamada a estar, a compartir y a reconocer en este ejercicio penitencial una manifestación viva de identidad, historia y pertenencia.





