La nueva pieza, ejecutada por el orfebre José Ismael Moya, deslumbró en su primera salida acompañada por la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Despojado
La mañana de este domingo ha quedado marcada en el calendario cofrade granadino por la solemne procesión del Corpus Christi organizada por la Hermandad de la Lanzada, que ha recorrido con fervor y recogimiento las calles del popular barrio del Zaidín. Acompañado por los sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Despojado de Granada, el cortejo ha vivido un momento especialmente destacado con el estreno de una majestuosa custodia, obra del orfebre José Ismael Moya, concebida en un estilo plenamente barroco que combina suntuosidad, riqueza iconográfica y profundidad simbólica.
La flamante custodia, concebida para portar el Santísimo Sacramento, constituye un ejercicio de virtuosismo técnico y una catequesis visual sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía. La obra, de líneas dinámicas y ornamentación profusa, responde al espíritu del barroco andaluz más clásico, en el que la teología se convierte en arte palpable.
Un canto al Misterio Eucarístico desde el barroco granadino
En su parte superior, el viril central —de forma circular— alberga la Sagrada Forma, rodeada por una fastuosa decoración vegetal en relieve. De su contorno emergen rayos de luz alternando haces rectos y flamígeros, metáfora visual de la gloria divina que emana del Cuerpo de Cristo. Coronando el conjunto, una cruz dorada ricamente cincelada remata el eje vertical de la custodia, bajo la cual se disponen dos de las figuras más expresivas de la obra: una representación de Dios Padre entre nubes, y justo bajo el viril, una paloma que simboliza al Espíritu Santo. Así, la presencia del misterio trinitario se hace evidente como trasfondo doctrinal del conjunto.
El astil, o soporte central, se articula a través de una serie de nudos ornamentales que no solo cumplen una función estructural y ergonómica, sino que además enriquecen visualmente la pieza. En su tramo medio se halla una figura del Cordero Pascual, expresión del sacrificio redentor de Cristo, flanqueado por una rica labor de volutas, hojas y elementos vegetales labrados con minuciosidad, en clara alusión al entorno simbólico de la vid y el trigo.
La base circular, amplia y robusta, destaca por su simetría ornamental. Sobre ella se distribuyen cuatro rosetones en relieve, cada uno portador de un significado preciso: el primero recoge la heráldica de la propia Hermandad; el segundo muestra un corazón traspasado por siete dagas, emblema directo de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, sede canónica de la cofradía; el tercero representa un pelícano alimentando a sus crías, iconografía ancestral de la Caridad de Cristo; y el cuarto exhibe un brazo empuñando una espada, símbolo de la defensa activa de la Sagrada Eucaristía frente a cualquier profanación.
Completan la decoración numerosos motivos eucarísticos tradicionales, entre ellos racimos de uvas, espigas de trigo y otros elementos simbólicos, todos tratados con esmero y profundidad artística, en consonancia con el lenguaje plástico del barroco sacro.
Una jornada para la historia del Zaidín
El barrio vivió con emoción la primera salida procesional de esta joya de la orfebrería contemporánea, que se suma al ya rico patrimonio litúrgico de la Hermandad de la Lanzada. La brillante ejecución de la Banda de Jesús Despojado imprimió solemnidad y carácter a una procesión que reafirma el papel activo de la cofradía en la vivencia pública del culto eucarístico.
Con esta nueva custodia, la Hermandad de la Lanzada enriquece su acervo artístico y espiritual, y da un paso más en su decidida apuesta por el esplendor del culto al Santísimo Sacramento. Una apuesta que conjuga tradición, teología, arte y barrio —el del Zaidín— como espacio vivo de fe y expresión popular.










