La Hermandad de Todos los Santos aprueba la restauración de su magnífico paso procesional

Los hermanos de la hermandad de Todos los Santos han celebrado este jueves un importante cabildo de índole extraordinario en el que se ha aprobado la restauración del paso procesional de la corporación letífica, una auténtica joya de las muchas que la ciudad de Sevilla tiene el orgullo de poseer. Enrique Castellanos realizará la intervención que, en una primera fase, que comenzará tras la próxima salida procesional del mes de noviembre, se centrará en la crestería y los candelabros.

El taller de Enrique Castellanos Luque, ha realizado a lo largo de su historia intervenciones en numerosos bienes culturales. Destaca la labor en el dorado de oro fino así como la Conservación y Restauración de obras de arte. Muy reseñable sus trabajos sobre Pasos, Tronos, Retablos y todo tipo de ornamentos tanto religiosos como civiles.

Enrique Castellanos Luque, es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, especializado en Conservación y Restauración de Obras de Arte, colaborador del departamento de pintura de la misma. Grado Medio de Dorado y Policromía por la Escuela de Arte de Sevilla. Adquiere los procedimientos y técnicas sobre el dorado en oro fino, en los talleres de Antonio Díaz Fernández y Sobrino de Antonio Díaz. Colaborador del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.

Establece taller propio, en el sevillano barrio de San Lorenzo, en 1999 hasta el momento, donde ha desarrollado su labor profesional, interviniendo y ejecutando gran número de obras, tanto para la propia ciudad de Sevilla como para otras provincias españolas. Recibe en calidad de tutor pedagógico alumnos de la Escuela de Arte de Sevilla como parte de su formación académica. Igualmente recibe alumnos para su formación en la técnica del dorado, de la Escuela de Arte de Ikata de
Tempere (Finlandia).

El paso procesional responde a un concepto iconográfico completo puesto en marcha a finales del siglo XVIII, coincidiendo con una época de esplendor de la Hermandad y pocos años después de que la Virgen fuera trasladada de un altar lateral de la Parroquia al Altar Mayor. Debió de influir además el hecho de que el terremoto de Lisboa de 1 de noviembre de 1755 no hubiera causado ninguna muerte en la ciudad. Su magnífico estado de conservación se debe, entre otras cosas a las continuas labores de restauración que se efectúan periódicamente. Estilísticamente puede atribuirse esta colosal obra bien a Pedro Duque Cornejo, Benito de Hita y Castillo o a ambos.

La peana y la crestería, en madera tallada estofada y policromada fue realizada en el siglo XVIII por Gabriel Gutiérrez de la Vega, los respiraderos, culminados en 1929, son obra de Salvador Domínguez Gordillo (talla) y Francisco Rodríguez (dorado) según diseño de Juan Pérez Calvo. Las cartelas, ejecutadas en madera tallada estofada y policromada, son obra de José Merino. Las jarras (1929) fueron realizadas por Santiago Martínez en madera tallada y estofada y los candelabros, en el mismo material, son anónimos del siglo XIX.