«Cuando pasen 40 o 50 tomará la verdadera dimensión de lo que fue en la Semana Santa»
La Semana Santa de Córdoba, en su etapa contemporánea, se debe en buena medida a la irrupción de dos figuras, que cambiaron por completo un concepto languideciente de las cofradías.
El mismo iba a tener su máximo exponente en la década de los ’70 del pasado siglo, cuando varias corporaciones se disolvieron, se refundaron y nacieron otras nuevas, algunas de las que ahora pujan por el Olimpo del reconocimiento.
La dicotomía
Esa antítesis (omega y alfa, al revés) se debió a la aparición de dos personalidades: una en lo político (podría decirse) y la otra en lo artístico. Esto es, Rafael Zafra y Fray Ricardo de Córdoba. El primero comenzó por transformar radicalmente a la Hermandad de la Expiración para, poco después, asumir la dirección de la Agrupación de Cofradías, donde sentó las bases del peso que, en la actualidad, tienen las hermandades en casi todos los estamentos de la sociedad.
Mucho más que un fraile
Es una síntesis que necesita de un análisis mucho más profundo, como el de Ricardo, cuyo genio artístico sirvió hasta para crear una hermandad de cero, como fue el caso del Císter; permitir que se viesen palios y mantos bordados en una Semana Santa “lisa”; y, ante todo, ser el gran valedor y conseguidor de proyectos de calado para numerosas hermandades (ahí se puede incluir la llegada del Señor del Silencio de Cádiz a Córdoba, entre un sinfín de ejemplos).
Su genio fue indiscutible, en cualquier elevado en vida a los altares, pero Córdoba le dio la espalda pese a sus esfuerzos, e incluso, pese a que se pusiera el nombre de la ciudad que amaba por montera, que encontrara el reconocimiento en Jerez o Sevilla, o que sus prédicas movieran a la conversión.
La frase
Otro ejemplo de su valía está en la Hermandad del Descendimiento, otra cofradía de autor de Ricardo, como reconocía, en una entrevista reciente concedida a Gente de Paz su nuevo hermano mayor, Manuel Millán:
“Esta hermandad rezuma a Ricardo, mis palabras rezuman a él”, confesaba para revelar que “me he criado con él. Lo he llevado a predicar a Los Negritos, Panaderos, Macarena… he estado madrugadas con él. Todo lo que veis aquí es gracias a Ricardo. Él se volcaba con nosotros y nosotros con él”.
Asimismo, requerido acerca de si se ha hecho justicia con su figura en las cofradías cordobesas, la afirmación era lapidaria: “Creo que no. Creo que se engrandecerá con los años, cuando pasen 40 o 50 tomará la verdadera dimensión de lo que fue en la Semana Santa cordobesa. Ricardo no era solo un religioso, era un artista”.
Y es que la rotulación de una plaza, aunque se agradezca, no oculta lo que se negó y, probablemente aun se le niega a quien cambió las cofradías cordobesas para siempre.





