La historia de las corporaciones que configuran el universo cofrade está cuajada de hitos esenciales que van marcando su devenir a medida que se consuma el paso del tiempo. Un devenir que no viene sino a evidenciar la lógica evolución de su propia idiosincrasia materializada en la consecución del patrimonio material e inmaterial heredado que posteriormente se transmite de generación en generación. Como es lógico, la concepción patrimonial de una hermandad ha de estar perfectamente definida por sus rectores de manera conceptualmente uniforme para que toda ella adquiera sentido, evitando determinadas estridencias que lamentablemente preñan los cortejos de algunas cofradías dejando en evidencia el conocimiento y la capacidad de quienes las dirigen.
Es exactamente lo contrario de lo que ha venido ocurriendo desde hace unos años en la Hermandad del Perdón, una de las corporaciones que ha demostrado en los últimos años una evolución más satisfactoria y sorprendente y con un criterio más coherente de cuantas constituyen el proceloso océano de las hermandades cordobesas. No en vano, de la mano y en base a la confianza depositada en el diseñador granadino Álvaro Abril Vela, la cofradía que preside con éxito Fernando Castro ha ido forjando poco a poco, con el aroma que destilan las cosas bien hechas, un sello propio que paulatinamente comienza a aflorar en cada uno de los detalles de la cofradía de San Roque. Un sendero en el que inevitablemente quedan en el camino retazos de la pequeña gran historia vivida, que han de pasar a ocupar un lugar de privilegio en la memoria colectiva de sus hermanos, en pos de mejorar siempre con la mirada puesta en la búsqueda de la perfección.
En junio de 2016, hace poco más de un año, la Hermandad del Perdón sometió a la aprobación de sus hermanos, el diseño de un nuevo estandarte corporativo, el popularmente conocido como bacalao, cuya autoría corresponde nuevamente al mencionado Abril Vela, quien ya realizara el diseño del nuevo palio para María Santísima del Rocío y Lágrimas que paso a paso va cobrando forma. Un diseño que, una vez más, de acuerdo con esa uniformidad estilística, universal y homogénea de la que les hablábamos, se basa en la ornamentación del principal monumento de la ciudad, la Mezquita Catedral, «bajo el amparo del estilo hispano-musulmán y más concretamente en su esqueje califal». Una pieza que está siendo ejecutada en el prestigioso taller malagueño de Juan Rosén, y que, si todo se desarrolla de acuerdo con los parámetros establecidos se estrenará el Miércoles Santo de 2018, tal y como ha subrayado el hermano mayor de la corporación de la Judería, Fernando Castro. De ahí que este próximo 7 de septiembre, durante la procesión de la Virgen de la Fuensanta, sea la última vez que el antiguo bacalao de la Hermandad del Perdón luzca bajo el cielo de Córdoba.
El nuevo bacalao que estrenará la hermandad, presenta en su concepción dos partes marcadamente diferenciados que le confieren una marcada y singular personalidad. Por una parte la faldilla, el tondo y el pico, estos dos unidos por un eje vertebrador, que se bordarán en oro sobre terciopelo color carmesí y por otra la recreación de un fondo a modo de tapiz donde se superponen los elementos anteriormente mencionados. Es en esta zona donde se invierte el juego cromático del bordado tradicional, aplicando el bordado a realce en sedas de color carmesí sobre un fondo de tisú de oro, que pretende evocar las decoraciones musivarias del mihrab, donde las trazas de oro recrean un fondo majestuoso y el color da lugar a las ornamentaciones vegetales y geométricas propias del estilo al que pertenecen.
Detalles todo ellos que convierte a la pieza de una indiscutible calidad artística en su mera concepción que en presenta en el tondo central el escudo de la corporación y ve completada su heráldica con dos alusiones a la sede canónica de la hermandad y a la parroquia a la que pertenece, un guiño a San Roque a través de una pequeña imagen que se encuentra en en la faldilla en un pequeño óculo y la Cruz Trinitaria en el pico, conformada por lacerías inspiradas en los trabajos de las yeserias de la Mezquita, al igual que se le otorgan las tonalidades trinitarias a esta insignia con el uso de sedas azules junto a los soportes de terciopelo encarnado y tisú claro que evocan el contraste de los tres colores que representan a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, este siempre tan presente en la advocación de Rocío con la que tan identificada se encuentra la Hermandad.
Un magnífico elemento patrimonial que acaso desterrará del cortejo el antiguo bacalao de la hermandad, algo que nunca sucederá en el corazón de sus hermanos, lugar en el que todos aquellos pequeños detalles que, de un modo u otro conforman la intrahistoria de la corporación y sobre todo la memoria de los seres humanos que la integran, ocupan sin lugar a dudas un lugar de privilegio, un lugar preferente cargado de recuerdos y prolífico en emotividad.






