Un año, los alrededores de la Santa Iglesia Catedral se llenan de altares que algunas de las hermandades cordobesas han concebido para rendir pleitesía a Su Divina Majestad. Una de estas corporaciones es la Hermandad de la Expiración que dispone el suyo e los pies de la Virgen de los Faroles, erigiéndose, año tras año, en uno de los más cuidados y de mayor calidad de cuentos se reparten a lo lago del itinerario de la procesión del Corpus. Este año, tan especial para la cofradía de San Pablo, la hermandad ha vuelto a dar una lección de catequesis a través de la concepción de este altar efímero que contiene una multiplicidad de elementos que merecen ser explicados. Así lo ha entendido la hermandad que ha difundido a través de sus medios oficiales de información una exhaustiva descripción de los elementos que lo conforman.
Así, la hermandad ha explicado que en un año tan especial para la Expiración, en el que además de conmemorar el centenario de su reorganización y el 25 aniversario de la coronación canónica de la Virgen del Rosario, se celebra el bicentenario de la beatificación de uno de los hijos de Sto. Domingo: el ilustre y, casi desconocido cordobés y vecino de esta collación de San Andrés donde fue bautizado, el Padre Posadas, el Beato Francisco de Posadas. Cabe recordar que la corporación está íntimamente vinculada al primitivo convento dominico de San Pablo, hoy regido espiritualmente por los Misioneros Claretianos. Por esta razón, una imagen de esta figura esencial en el cambio de siglo XVII al XVIII es la que centra y preside el altar concebido para la procesión del Corpus Christi.
El altar incluye la reliquia que posee la hermandad así como los textos de una impresión de unos Gozos de tal Beato recientemente donados a la corporación, y se completa con candelabros, platería diversa, banderas y ornamentación eucarística, para este homenaje especial de la cofradía a esta figura esencial y especial cordobesa e hijo del convento de Scala Coeli.














