Sevilla

La lucha encarnizada por el poder

España vive un tiempo convulso. Asistimos estupefactos al escenario de la ruptura de nuestro país porque la clase dirigente no tiene suficiente cupo de poder en sus respectivos «cortijos». Y, por desgracia, esta carrera sin sentido camino del abismo, se puede extrapolar a nuestras hermandades.

Noticias como lo ocurrido en San Gonzalo, el extraño episodio que ha rodeado al Santo Entierro o la que ha surgido en el sevillano barrio del Plantinar, donde el asalto al poder se gesta en forma de anónimos contra el hermano mayor del Sol días antes de las elecciones. El intento de un sector de la hermandad mediante métodos claramente deplorables de restar a un candidato, demuestra que muchas veces el término hermandad no es aplicable a algunos cofrades.

Es inadmisible que en una asociación de devotos, en lo que antes que nada son los fines de la misma, honrar la figura de Nuestro Padre así como las obras de caridad hacia los más necesitados tal y como Él lo hizo, ocurran episodios bochornosos como el acaecido. Crear confrontación es lo menos indicado para crecer, aunque muchos se empeñen en ser menos cristianos por el pecado de la envidia.

Muchos son los que quieren mandar en una hermandad para usarla como punto de lanzamiento y pasar a otros puestos de mando en la sociedad. Así, piensan que cuanto más manden en una Junta de Gobierno, más puestos suben en las listas electorales. Todos muestran las cartas ante los partidos políticos del supuesto apoyo que tienen en su hermandad, pero dejan atrás toda la ética y no quieren desvelar todo lo pisado antes para llegar hasta donde han llegado.

Quieren medrar y no saben como, mientras los que quieren solo trabajar por y para que crezca la hermandad, siguen bajo el anonimato que les caracteriza. No trabaja más quien más se hace ver, sino el que más cosas hace.