El viejo costal, 💙 Opinión

La maldad no mira, el egoísmo tampoco…

Manifestaba en fechas pasadas que: “es de verdadera maldad que nuestros políticos, primero dejan olvidados en los asilos a nuestros mayores, y ahora van corriendo, a los olvidados asilos a ponerse la vacuna”, vacuna de la esperanza y al menos con alguna garantía de poder sobrevivir. Y los políticos, a pesar de saber que no les corresponde la mencionada vacuna, inventan escusas inverosímiles para justificar este acto de maldad, de egoísmo absoluto, que me salve yo y después yo, y una vez salvados estos dos, yo, que ya me toca. Y es que la maldad del ser humano, es una muestra de la libertad absoluta, aunque sea para realizar una obra miserable, egoísta y ruin.

Pero algunas personas somos así, yo para evitar en la medida de lo posible el contagio, que, en mi caso, por las distintas enfermedades que me hacen persona de riesgo, me he visto obligado, por el sentido común, a confinarme, junto a la persona de más edad de mi familia, y así llevo desde el año pasado, desde los primeros días del mes de marzo, vamos llegando a un año, es la única defensa que está al alcance de mis manos, y por ello la aplico como única forma de defenderme del mortal contagio, una tras otra ola.

Un año, prácticamente encerrado, un año de mi vida perdido, en protegerme de algo que ni las políticas sanitarias de los distintos gobiernos, pueden protegerme, ni la actual situación internacional tampoco, y con resignación espero confinado en mi residencia, pacientemente, con la esperanza de que algún día, cuando esté dispuesto, y me llegue mi turno, pueda ser vacunado y continuar esperando a que la totalidad de la población esté vacunada, para poder retomar la vida con absoluta movilidad y sin peligro alguno.

Y lo sorprendente de estos actos realizados por alcaldes, por una cantidad considerable de autoridades de una u otra índole, todos, todos, tienen una buena justificación a lo realizado, y es que la maldad es así, lo hago, lo justifico, y aquí no pasa nada, bueno algunos al menos han tenido en un acto de arrepentimiento in extremis, dimitir del cargo que ostentaba, pero con la vacuna a cuestas. Pero eso no soluciona el hecho de haber robado de forma miserable la dosis que por orden a otro le correspondía.

Pero me quedé de piedra cuando una de las repuestas a mi primera manifestación fue: “pues tu obispo ya la tiene puesta”, y como prueba me envió un recorte de presa donde además en fotografía se había congelado el momento indicado en su manifestación, y noqueado por este impacto, no pude menos que recordar las palabras de alguna de sus últimas homilías “… pero tomamos nota…”, “…hay que respetar las indicaciones de las autoridades sanitarias…”, entre otras.

Y en ello estamos, confinados, sin miedo, viendo en nuestro entorno como la maldad es capaz de anidar en cualquier corazón, que todos somos capaces de inventar las más inverosímiles justificaciones y escusas, que el egoísmo también de la mano de la maldad pueden vivir en los lugares más inesperados, y que proclamar el amor al prójimo y el respeto a las autoridades sanitarias es fácil, otra cosa es la realidad crudamente expuesta.

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