Hace unos meses nacía un grupo dedicado al impulsar el papel de las hermanas en las corporaciones andaluzas.
«La mujer cofrade en el siglo XXI» llama a la puerta de una institución a la que aún le quedan pasos por recorrer. Su labor no hace más que crecer, y la repercusión en toda Andalucía, también.
Estos preliminares llevan a los lectores y este redactor a preguntarse si realmente las hermandades aún no dan su sitio a la mujer.
Hay que partir de una profunda observación sobre los distintos puestos que ocupa o podría ocupar la hermana en una cofradía, y en todos los gremios y campos que la rodean.
La mujer lleva varias décadas, aproximadamente desde comienzos de siglo, ocupando los mismos derechos como miembro de la hermandad que el hombre.
Se puede poner el ejemplo de Sevilla, donde esta andadura se inició con la hermandad de la Vera+Cruz y se prolongó hasta 2011, cuando frente a todo pronóstico Monseñor Asenjo aprueba el decreto en el que se obliga a las hermandades que aún no permitían la salida de hermanas nazarenas, poder ejercer este derecho.
En el resto de Andalucía puede verse como también se cumple este patrón desde hace años, fomentando ese primer pilar igualitario.
Junto a ello, cada vez es más numeroso ver a candidatas mujeres en juntas de gobierno, especialmente en los pueblos, ostentando cargos fundamentales como hermana mayor y teniente de hermana mayor, fiscal, secretaria, diputada de cultos así como de caridad.
Es sin duda otro triunfo obtenido en la última década, el cual se consolida como una apuesta mixta y variada de ambos géneros en los órganos rectores de las cofradías.
Hay que hablar también de uno de los cargos más destacados que ha tiene tradicionalmente la mujer en las hermandades: las camareras que con cuidado y esmero ayudan al vestidor en el atavío de las imágenes.
Esto ocurre dentro de las corporaciones, pero fuera la mujer tiene igualmente un lugar primordial en terrenos tan dispares como las bandas de música, las flores de cera y palmas, las túnicas de Nazareno, la pintura, la escultura o las flores.
Teniendo en cuenta este amplísimo abanico de ocupaciones de las señoras en las hermandades, ¿Qué queda por hacer?
Pues sencillamente plataformas como «La mujer cofrade en el siglo XXI» reivindican el derecho de la hermana de una corporación a ser prioste (lo cual hoy por hoy no existe en la inmensa mayoría de las corporaciones), costalera (este arte sí está más dividido) capataz (uno de los grandes terrenos en los que trabajar) o vestidora (en el que sigue predominando mayoritariamente la labor del hombre).
Es por ello que tiene mucho sentido trabajar por esta igualdad dentro de las hermandades, donde siempre ha habido espacio para los hermanos y las hermanas que dan lo mejor de sí por sus Imágenes y por el progreso de la corporación.





