Internacional, Varios

La Orden de Malta elige nuevo canciller tras el desafío sin precedentes a la autoridad del Papa que obligó al Vaticano a reaccionar

La Orden de Malta ha convocado este fin de semana a su Consejo de Estado, el órgano constitucional a través del que se elige al nuevo Gran Maestro, tras el fallecimiento en abril del italiano Giacomo Dalla Torre del Tempio di Sanguinetto, elegido en mayo de 2018 tras la crisis de la institución que forzó la dimisión del anterior responsable y provocó la intervención del Papa.

Para este proceso de renovación, el Santo Padre designó como delegado pontificio en esta institución religiosa nacida en Jerusalén en el siglo XI, en plenas cruzadas, cuando los musulmanes dominaban el territorio, a Monseñor Silvano Tomasi, ex nuncio experto en cooperación internacional, al que creará cardenal el próximo 28 de noviembre. Tomasi, que por tener más de 80 años no podrá votar en un eventual cónclave, sustituirá en el cargo al cardenal italiano Angelo Becciu que fue obligado a dimitir y está siendo investigado por la fiscalía del Vaticano por malversación de fondos.

La misión de Tomasi será la de acompañar a los Caballeros de Malta tras el período de crisis que culminó en 2016 con la renuncia del Gran Maestro, Matthew Festing. Festing presentó su dimisión in extremis después de una petición expresa de Francisco tras varios capítulos de desplantes entre la Santa Sede y la institución milenaria. La principal disputa tuvo su origen, según informaron algunos medios católicos, por la distribución de preservativos en un dispensario de la Orden en Birmania, destinados a las poblaciones de riesgo como prostitutas.

El Papa había nombrado una comisión de investigación de cinco miembros para aclarar las circunstancias de la destitución, pero la Orden de Malta, que cuenta con unos 13.500 miembros permanentes, 82.000 voluntarios y 30.000 dependientes repartidos por todo el mundo, muchos de ellos relacionados con la antigua nobleza europea, se opuso categóricamente a dicha investigación. Entre los argumentos usados aludió a su propia autonomía, esgrimiendo se trataba de un asunto interno.

El gran maestre llegó incluso a poner en cuestión la elección de los investigadores, en un desafío sin precedentes a la autoridad del pontífice que obligó al Vaticano a reaccionar. De hecho, los Caballeros de Malta juran lealtad al Papa, y la oposición a ser investigados por la Santa Sede fue considerado en ese momento como una injerencia.