Verde Esperanza

La perla musical que lleva a gala el nombre de Málaga

Nuestra geografía encierra grandes tesoros en lo que a patrimonio cofrade se refiere. Imaginería, bordados, canastos, enseres… y también grandes formaciones musicales que vienen a engrandecer la Semana Santa en todo su esplendor.

Málaga es una tierra donde la proporción de maravillas cofrades es especialmente alta. Hoy me gustaría poner el foco en una excelente formación musical más que consagrada en la capital de la Costa del Sol, pero cuyo reconocimiento allende las fronteras de su tierra se me antoja insuficiente: la Banda de Música de la Paz.

La brillante formación malagueña comenzó su andadura allá por el año 1997 en el colegio «Rosario Moreno» de la ciudad a través de una escuela de música, estrenándose en el año 1999 en un concierto en el que fue apadrinada por una banda mítica de la provincia, como lo es la de Miraflores-Gibraljaire. A partir de ahí empezaron a surgir contratos para la jovencísima formación, habiendo acompañado a Cofradías como Dolores del Puerto de la Torre, Salud, Crucifixión, Pasión, Cautivo, Estudiantes, Penas, Rocío, Sangre, Soledad de Mena, Resucitado, Penas, Santa Cruz, Carmen del Perchel y de Pedregalejo, Cena y Monte Calvario, Hermandad, esta última, muy unida a la banda de música.

Tres discos contemplan la evolución musical de la Banda de la Paz: «V Aniversario» (2004), «A la Madre de Dios» (2006) y «Stabat Mater» (2014), en los que un amplio elenco de bellísimas composiciones malagueñas dan testimonio de la brillantez interpretativa de la formación malagueña.

Tal y como decía al comienzo de estas líneas, si bien los sones de la banda son más que valorados en Málaga, donde su presencia es una constante cada día de la Semana Santa, en mi opinión no se trata de una formación que tenga el reconocimiento merecido a nivel andaluz. Quizá por esa manía insalvable de la Málaga cofrade de encerrarse en sí misma en su propio microclima y de no dar a conocer como debería la interminable cantidad de maravillas que encierran sus fronteras, pero la incuestionable calidad que viene demostrando la Paz no se corresponde con su valoración allende las fronteras malagueñas.

La Banda de Música de la Paz es todo un deleite para el sentido auditivo, con una voz de cornetas que, en opinión de quien les escribe, es una referencia a nivel andaluz sin ninguna duda, por su potencia y consistencia, una constante extensible al resto de la formación. El gusto por una cuidada interpretación es otra de las señas de identidad de la banda malagueña, así como el mimo a la formación musical a través de su banda-escuela, toda una garantía de la continuidad del proyecto en un futuro a medio-largo plazo. Además, contando con un amplio, rico y variado repertorio de marchas donde confluyen las piezas de la escuela sevillana, tanto las más clásicas como de moderna composición, así como pinceladas de la cordobesa y granadina, y, como no podía ser de otra manera, una excelente representación del patrimonio musical malagueño y propio. La formación ronda el centenar de componentes, algo que tampoco resulta habitual en las bandas de música.

La Banda de la Paz es una joya que aún no ha terminado de recibir el reconocimiento que merece. Su radiante actualidad me lleva a pensar que está sobradamente preparada para acompañar a cualquier paso de palio o trono de nuestra geografía. Ojo, aunque uno está tentado a pensar en lo maravilloso que sería que su música sonara en otras Cofradías de Andalucía, no pretende uno sugerir que deba hacerlo, puesto que tocar cada día de la Semana Santa en una ciudad tan irremediablemente cofrade como Málaga es un lujo que no se debe dejar escapar con facilidad. Pero creo que con la cantidad de procesiones extraordinarias o magnas varias que se celebran cada año en Andalucía, dirigir la mirada hacia la formación musical es casi una obligación para quienes se encarguen de esta faceta en sus respectivas Hermandades.

En definitiva, la brillante Banda de la Paz viene a ser la perla musical, no del todo descubierta, de Málaga, una tierra que ha brindado, y continúa haciéndolo, grandes tesoros al patrimonio musical de nuestra bendita tierra. Solo hay que pensar en el legado pretérito de la Banda de los Bomberos de la mano del jienense Escámez, precursora del género de la corneta y el tambor, y en la inmensa cantidad de formaciones que vienen rayando a un altísimo nivel en la actualidad desde la capital de malagueña. Es cierto que la repercursión mediática de las bandas de música de plantilla completa tiende a ser menor que las bandas cornetas o las agrupaciones musicales, pero el caso de la Banda de la Paz resulta especialmente digno de reseñar. Vaya desde estas humildes líneas mi particular homenaje y reconocimiento por la incansable labor que hacen por el patrimonio musical no solo malagueño, sino andaluz, llevando a gala el nombre de la capital de la Costa del Sol allá donde brindan su música hecha oración a María.

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