De Ferrán Torres a Luis de la Fuente: España y la fe

Otto von Bismarck, gran cofrade natural de Schönhausen, estaba firmemente convencido de que «España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido«. Lo vemos día a día, con una situación insoportable de guerrilla de trincheras entre compatriotas. Izquierda, derecha, Barça, Madrid, norte y sur y un sinfín de dicotomías polarizadas… Parecemos vivir instalados en un eterno tablero de ajedrez donde el único objetivo es derribar las piezas del contrario, para gozo de los que manejan una egoísta partida sin más fin que el beneficio propio. Mientras los de arriba se reparten el botín tan alegremente, nos enfrentan constantemente a los de abajo unos contra otros bajo cualquier pretexto.

Sin embargo, bajo esa superficie de ruido y constante desencuentro, late un sustrato tan invisible como sólido. Una herencia cultural sustentada en la fe y en unas raíces compartidas que, aunque aún haya a quien le incomode, nos une tanto como cuando juega la Selección Española, y nos otorga un código común cuando todo lo demás parece tambalearse.

Pocas son las cosas que unen el latir de los cuatro puntos cardinales de un país, el nuestro, que, dicho sea de paso, es maravilloso en muchos aspectos. Una de ellas es el fútbol. Obviamente, a nadie se le escapa que, a fin de cuentas, es un juego, un deporte sin mayor trascendencia que ser un oasis de felicidad entre tanto disgusto y desazón, aunque en ocasiones como la que nos ocupa, bien puede ser un espejo donde todo un país puede y debe mirarse. Es innegable que una victoria como la de la Selección Española de Fútbol en el Mundial es una inmensa alegría para todos y un pedacito de esperanza que vertebra nuestro país. Este grupo de jugadores, que ya forma parte de la historia, es una perfecta representación de lo que es nuestra globalizada sociedad actual: distintos tonos de piel, varias banderas autonómicas y españolas, acentos, creencias e ideologías muy diversas… pero todos unidos por una misma nación. Y también por la fe.

Sin obviar la pluralidad y la diversidad de creencias que habitan en nuestro país -y también en la Selección-, tampoco podemos ni debemos olvidar nuestras más profundas raíces, que otorgan un sustrato histórico incuestionable. Vimos una foto icónica del seleccionador español, Luis de la Fuente, cuando visitó la Basílica del Cachorro en el año 2023, Cristo hacia el que ha reconocido abiertamente su devoción. Y además le hemos visto afirmar, ratificar y sentirse orgulloso de su fe cristiana en muchas ocasiones. Por rescatar alguna de sus declaraciones: «Rezo todos los días, pero no porque esté en un Mundial ni pretendo sacar un resultado. Doy gracias todos los días, cada mañana que me levanto, de que estoy bien… es otro día más que puedo disfrutar de la vida«.

Si Iniesta fue el héroe del Mundial de Sudáfrica, Ferrán Torres se ha erigido en su sucesor dieciséis años después. Jugador muy cuestionado mediática y socialmente, sus declaraciones también han llamado la atención por ir de la mano de esa fe a la que nos agarramos cuando todo parece en contra nuestra. Le anularon un gol en la fase de grupos, y se le leía en los labios una plegaria muda: «Por favor, que sea gol«, y es inevitable reflexionar que, si bien aquel tanto no subió al marcador, Dios le reservaba el gol que nos haría campeones. Tras el pitido final del encuentro, con la euforia de la victoria, Torres declaraba: «Creo que el destino está escrito. Gracias a Dios siempre me da esa fuerza para seguir y al final, como digo, Dios le da las cosas a quien más se lo merece«.

Habrá quienes digan, con su buena dosis de razón, que mañana seguiremos enterrados a impuestos, asqueados de tanta corruptela política y volveremos a mirar con recelo al que piensa distinto a mí, pero el fútbol y este grupo de jugadores nos han recordado que cuando nos unimos somos imparables, especialmente si cada uno aporta sus dones al servicio del bien común y se tiene fe en un objetivo conjunto. Y es que, más allá del ruido, la naturalidad con la que conviven las distintas sensibilidades, creencias e ideologías en el equipo nos demuestra que el respeto y la pluralidad son nuestro verdadero sustrato. Por eso, amén de la fe de De la Fuente y de Ferrán Torres, este triunfo reafirma la idea de nuestras raíces y creencias como el gran eje vertebrador de un país que, por mucho que algunos se empeñen en dividir, disgregar y destruir, es espléndido por su diversidad. Es la España de Luis de la Fuente, y también la de Yamal, la de Oyarzabal, la de Fabián Ruiz, la de Borja Iglesias, la de Rodri, la de Cubarsí… y la de todos. Deberíamos estar orgullosos de ser españoles, y de abrazar al de al lado aunque piense distinto, no solo por el Mundial, sino porque hay mucho más que nos une que lo que nos separa.