La pregunta más incómoda: ¿Cómo decirle no a un costalero?

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¿Es complicado para el capataz en un tiempo en que los huecos son los justos y quienes quieren formar parte de tal o cual cuadrilla son legión?

¿Cómo decir no a los aspirantes a entrar a formar parte de una cuadrilla? ¿Es complicado para el capataz en un tiempo en que los huecos son los justos y quienes quieren formar parte de tal o cual cuadrilla son legión?

La respuesta a esas preguntas tiene multitud de aristas. Pero en un ángulo del poliedro coinciden diversos capataces. Como ejemplo vamos a poner a dos cordobeses, Rafa Giraldo y Rafael Ramírez Galvín, quienes en los últimos meses han respondido a esta cuestión, en sendas entrevistas a este medio.

“Cuesta trabajo”

Giraldo señalaba que el hecho de lo difícil que pueda resultar al capataz decirle al aspirante que no entra “va con la persona”. A lo que reponía que “yo, por ejemplo, soy una persona muy empática y me cuesta mucho trasladarle a una persona, que viene con toda la ilusión del mundo, venga de Santa Rosa, la Fuensanta o Miralbaida o venga, como a mí se me han presentado, de Granada, Jaén o de Ciudad Real, y que tienen que pegarse dos horas en coche para venir y otras dos para volver y echar siete u ocho horas para buscar un sitio que no van a tener”. 

En ese sentido, el capataz de la Estrella, Paz y Esperanza, y Mayor Dolor en su Soledad, reconocía que “cuesta trabajo decirle a alguien con esa ilusión ‘no voy a contar contigo’. Pero muchas veces, a la misma persona que le estás diciendo que no se pone en tu lugar”. 

Finalmente, Giraldo desvelaba que “suelo mandar un audio y explicarle los motivos por los que no tiene hueco; tomo nota de todos los datos de todos aspirantes y, en algunas ocasiones, he llamado a alguno para algún ensayo”.

“No sabes a quién le estás diciendo que no”

Por su parte, Ramírez Galvín matizaba que “no sabes los motivos que a ese hombre lo llevan a pedir sitio a una igualá. Cuando le dices que no hay sitio, realmente no sabes lo que estás haciendo. No entro en si eres  buen o mal costalero, realmente no sabes qué motivo a llevado a esa persona a pedir hueco”. 

El capataz recordaba que, “en el Señor de la Sangre me tiré igualando, por lo menos, tres horas y tenía muy pocos huecos. Me daba mucho apuro la gente que había ido allí a pedir hueco y que no se le pusiera, ni siquiera, el dedo encima. A toda la gente que fue a pedir trabajo los metí en la igualá, apunté su palo por si alguno no podía. Pero eso de no mirarlos, no está bien, porque cuando vengan las penurrias, que creo que vendrán, a ver los que ni miran qué les va a pasar”.

Finalmente, el también titular del martillo de la Buena Muerte apuntaba que, “detrás de cada costalero siempre hay algo que motiva a que el tío vaya. Y ese algo no te lo cuentan nunca, a no ser que entre y entables muchísima confianza con él y te diga vine aquí por esto. Es que no sabes a quién le estás diciendo que no”.